Extra 13

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Una tarde sin viento, Seiya se arrodilló al final de la rampa con la llave inglesa y un nivel. Hilda lo miró desde la silla, con la manta finita sobre las piernas.

— ¿Otra vez? —preguntó.—Otra vez —dijo Seiya—. Ese saltito me tiene cansado.Saori le alcanzó un tornillo y se quedó al lado, pasándole la mano por el hombro cada tanto. El capitán supervisó con la caja-barco en los pies; la nena de risa fácil, en la falda de Yuna, se reía cada vez que el nivel hacía "clac" contra la madera.—Listo —dijo Seiya, y probó el paso con la palma.Hilda soltó el freno y bajó. No hubo saltito.—Ahora sí —dijo, y giró en redondo para volver a subir—. Quedó bien.—Quedó —contestó Seiya, y se secó las manos en el pantalón.Esa noche, mientras secaban los platos, Saori le acomodó el cuello de la camisa a Seiya; él le sostuvo la mano un segundo y se la soltó con cuidado.— ¿Viste? —dijo él.—Vi —contestó ella.Afuera, el "clac-clac" fue limpio, sin el tropiezo del final. Hilda frenó frente al sillón de mimbre y dejó la manta doblada. La casa respiró acompasada.


HASTA PRONTO. 

Juliee...

MíoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora