Extra 14

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Llovió desde temprano y la galería techada se volvió el centro de la casa. Hilda amaneció con la espalda contractura; no hizo falta que lo dijera: apoyó las dos manos en el apoyabrazos y dejó el freno puesto.—Hoy adentro —dijo.—Adentro —repitió Yuna, y le acomodó la manta finita sobre las piernas. Eris corrió la mesa un centímetro más para que la silla pasará sin pedir permiso. Shun trajo el cuento corto "por si los chicos se aburren"; June tarareaba bajito mientras acomodaba las servilletas; Ikki y Esmeralda llegaron con Rubí, que venía seria con la cinta en el pelo.El capitán dejó la caja-barco al lado de la silla de Hilda.—Para que la cuides —dijo.—La cuido —contestó Hilda, y le pasó la mano por el borde. Saori apareció con la taza y el agua; Seiya, con un trapo para secar las ruedas por si hacía falta. La niña de risa fácil se reía cada vez que la lluvia golpeaba la chapa; el varón de sueño liviano se despertaba con cada trueno y volvía a dormirse en el pecho de Seiya.— ¿Jugamos al barco en el pasillo? —preguntó el capitán.—Dale —dijo Rubí.—Despacio —avisó Hilda, y levantó apenas el freno con un "clac" corto para girar y mirar.Jugaron a que el pasillo era un río. La caja-barco crujía pero aguantaba; la nena se reía con las encías; el varón abría los ojos y los volvía a cerrar.A la hora de la cena, Saori y Seiya secaron los platos pasándole la posta. Él le acomodó el cuello de la camisa; ella le sostuvo la mano un segundo y se la soltó con cuidado.— ¿Te acordes cuando la mesa quedó torcida? —preguntó Seiya.—Quedó nuestra —contestó Saori. Cuando los chicos se durmieron, Hilda giró la silla hasta quedar de cara al patio, aunque no se veía nada. Yuna se quedó al lado, con la mano en el apoyabrazos.—Mañana va a estar mejor —dijo Yuna.—O no —dijo Hilda—. Pero va a pasar.El "clac-clac" se alejó por el pasillo. La casa bajó el volumen y respiró acompañada


HASTA PRONTO. 

Juliee...

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