Pasó un tiempo corto y largo a la vez. La galería techada siguió siendo el centro de la casa: la rampa sin saltito, la mesa corrida un centímetro más, el sillón de mimbre con la manta gruesa doblada. En el borde de la mesa, la taza de Hilda quedó donde siempre, al alcance de la mano.
Esa tarde no hizo viento. Yuna se arrodilló a la altura de la silla, aunque la silla no estaba, y apoyó la palma en la madera.
—Gracias por cuidarnos —dijo.
—Gracias —contestó Saori, a su lado.
Seiya traía al varón de sueño liviano dormido en el pecho; la niña de risa fácil, ya con dos dientes, se reía con encías desde la falda de Yuna. El capitán acomodó la caja-barco jubilada contra la pata de la mesa; Rubí se sentó al lado, seria y derecha. Ikki y Esmeralda, enfrente; Shun con el cuento corto cerrado; June tarareaba bajito una canción sin letra; Eris dejó las servilletas prolijas.
—Foto —pidió Yuna.
Seiya puso el temporizador y volvió a su lugar. Saori le acomodó el cuello de la camisa; él le sostuvo la mano un segundo y se la soltó con cuidado. El "clac" no fue un freno: fue la foto.
Cuando la vieron impresa en la heladera —todos alrededor de la mesa, la rampa limpia al fondo, la taza en el borde, la caja-barco asomando—, el capitán dijo:
—Quedó.
—Quedó nuestra —dijo Saori.
A la noche, mientras secaba los platos, se pasaron la posta sin hablar. Afuera, la galería estaba quieta. Yuna se quedó un rato más frente al sillón de mimbre, con la mano en el apoyabrazos vacío.
—Mañana —dijo.
—Mañana —contestó Seiya, desde la puerta.
El patio respiró acompasado. La casa, también.
...
Hubo días en que quise borrar todo y empezar de cero. No por la historia, sino por el nudo en la garganta: las veces que no supe cómo seguir, los llantos que aparecían a destiempo, el cansancio de sostener la rampa sin saltito y la mesa corrida un centímetro más. También hubo rachas de querer apurar el final para sacarme el peso de encima, y otras de estirarlo porque me daba miedo que, cuando se cerrará, quedará la sensación de que faltó algo.
No sé si este final es el más aceptable. Capaz no. Capaz hay otra versión que suena mejor en la cabeza. Pero es la que quedó: con la taza en el borde, la manta que cambió de manos, la caja-barco jubilada y el clac que ya no es freno sino foto. No tapa las dificultades ni las vuelve prolijas; las deja ahí, a la vista, y sigue.
A mí me sirvió llegar hasta acá. No para cerrar perfecto, sino para cerrar. Y si vuelve la duda —si dan ganas de reescribir, de borrar, de discutir si era por acá—, también está bien. Podemos hablarlo, sin apuro y sin caretas. Por ahora, así acabó.
HASTA PRONTO.
Juliee...
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Mío
RomansaSeiya se encuentra comprometido. Sin embargo, tendrá que elegir entre su futura esposa celosa o su mejor amiga algo malvada. *Portada hecha por: @-minyeol
