Extra 10

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El tiempo hizo lo suyo sin pedir permiso. La mesa volvió a quedar chica: el capitán ya no era el único; la nena de risa fácil y el varón de sueño liviano ocupaban sus lugares, y la caja-barco seguía guardada bajo la mesa "por si hace falta".


Yuna llegaba con fruta y con la costumbre de agacharse a la altura de la silla.
—Hola, ma —decía, y le acomodaba la manta.
—Hola —contestaba Hilda, y le sostenía la cara con las dos manos.
Rubí ya era más alta; Ikki y Esmeralda se sentaban enfrente; Shun leía cuentos un poco más largos; June desafinaba a propósito y todos se reían sin querer.
A la noche, Saori y Seiya terminaron de secar los platos. Él le acomodó el cuello de la camisa; ella le sostuvo la mano un segundo y se la soltó con cuidado.
— ¿Te acordás de cuando la mesa quedó torcida la primera vez? —preguntó Seiya.
—Quedó nuestra —contestó Saori.
Afuera, Hilda probó el freno con un "clac" limpio y se quedó mirando el patio con Yuna al lado. Los chicos dejaron la caja-barco al lado de la silla. La casa respiró acompasada.


HASTA PRONTO. 

Juliee...

MíoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora