La panadería abría temprano y Seiya llegaba con la bolsa tibia todavía. Desde que Saori le había puesto la alianza, él se quedó un minuto más en la puerta, mirando cómo la luz pegaba en el metal. No era exhibicionismo; era costumbre nueva. Ese día volvió con dos bollos extra.
—Para Hilda —dijo, dejándole uno en el plato antes que el suyo.
—Y este —añadió, empujando el otro hacia Saori— para vos, que siempre me das el café y te olvidas del pan.
Saori levantó las cejas, sorprendida por la frase completa.
—Gracias —contestó, y lo partió al medio para convidar.
El niño entró corriendo y frenó dos pasos antes de la silla de Hilda. Hilda giró la silla con un movimiento corto de muñeca —el "clac-clac" ya era parte del ruido de la mañana— y le dio su bollo.
—Para el capitán —dijo.
—Gracias —dijo él, con la boca llena.
Después del desayuno, Hilda pidió que le alcanzaran la caja de herramientas.
—El freno derecho otra vez —dijo—. Hace un ruidito cuando doblo.
Seiya se arrodilló con la llave inglesa; Saori se sentó del otro lado para pasarle las cosas. Mientras ajustaba, el niño apareció con su caja-barco y la puso al lado de la silla.
—Esta sí aguanta —dijo, serio.
Hilda pasó los dedos por el cartón y asintió.
—Esta sí —confirmó.
Cuando terminaron, Hilda probó en el pasillo. El "clac" estaba limpio.
—Ahora sí —dijo—. Puedo perseguir a June sin hacer ruido.
—Eso sí que da miedo —se rió June desde la pileta, y levantó las manos.
A la tarde, Saori acompañó a Hilda a la galería. La rampa no hizo ningún saltito; Seiya la había lijado de nuevo el fin de semana. Hilda se acomodó la manta finita sobre las piernas y entornó los ojos al sol.
—Te veo bien —dijo Saori.
—Estoy bien —contestó Hilda—. Hoy es un buen día.
Seiya salió con dos vasos de agua y le alcanzó uno a Saori. Al dárselo, le rozó la alianza con el pulgar, apenas un segundo, y siguió de largo para acomodar la manta a Hilda.
—Gracias —dijo Hilda, y le sostuvo la mirada—. Por el bollo extra también.
—De nada —dijo Seiya.
El niño volvió con la caja-barco y la puso entre los pies de Hilda.
—¿Me ayudás a que no se rompa? —preguntó.
—Te ayudo —dijo Hilda, y con la mano libre sostuvo el borde mientras el niño pegaba una cinta.
Saori los miró y sintió esa certeza chiquita que ya no dolía: la casa seguía torcida y suya, con la silla de Hilda entrando y saliendo, con los platos sacados de a dos, con el segundo bollo que, sin decir nada, decía "pensé en vos".
HASTA PRONTO.
Juliee...
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Mío
RomansaSeiya se encuentra comprometido. Sin embargo, tendrá que elegir entre su futura esposa celosa o su mejor amiga algo malvada. *Portada hecha por: @-minyeol
