Extra 5

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Fue un sábado. Hilda no quiso ir —"día más o menos"— y se quedó con Yuna y Eris. Saori y Seiya llevaron al capitán; Miho los esperó en la puerta de Marín con un paraguas que no hacía falta.


—No esperes amabilidad —recordó Miho, en voz baja.
—No espero —dijo Saori—. Vengo a cerrar.
Marin abrió, miró al capitán, miró la alianza en la mano de Saori y asintió.
—Pasen —dijo.
Hablaron poco, lo necesario: la noche del chichón, la visita que Saori no contó, la vuelta sin palabras, el tiempo que pasó. No hubo reproches nuevos; los viejos ya no molestaban.
—Me alegro de que estén bien —dijo Marin, mirando al capitán.
—Estamos —dijo Seiya.
—Estamos —repitió Saori.
Al salir, Miho les alcanzó caramelos "para el camino". En casa, Hilda los esperaba en la galería techada con la taza al alcance.
— ¿Todo bien? —preguntó.
—Todo bien —dijo Saori.
Hilda soltó el freno con un "clac" limpio y, por esa tarde, la frase "no esperes amabilidad" dejó de pesar.


HASTA PRONTO.

Juliee...

MíoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora