Extra 16

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Empezó a hacer frío más temprano. Yuna llegó con fruta y con otra manta, más gruesa. La puso sobre las piernas de Hilda y dobló la finita con cuidado, como si fuera una carta.—Para los chicos —dijo.—Para los chicos —repitió Hilda, y la dejó en el sillón de mimbre.La nena de risa fácil la encontró y se la puso de capa; el varón de sueño liviano la usó de almohada y se durmió en tres respiraciones. El capitán miró la escena y dictaminó:—Ahora es nuestra.—Es —confirmó Rubí. Saori dejó la taza al alcance; Seiya corrió la mesa un centímetro más. A la noche, mientras secaba los platos, él le acomodó el cuello de la camisa; ella le sostuvo la mano un segundo y se la soltó con cuidado.— ¿Te acordes de cuando la mesa quedó torcida? —preguntó Seiya.—Quedó nuestra —contestó Saori. Afuera, Hilda probó el freno con un "clac" limpio y se quedó mirando el patio con Yuna al lado, la mano en el apoyabrazos. La casa respiró acompasada


HASTA PRONTO.

Juliee...

MíoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora