Senku se despertó y rápidamente notó que Tsukiku ya no estaba con ellos.
"Seguro quiere estar sola por el momento" pensó con cansancio mientras se frotaba los ojos, acercándose a una ventana y sentándose en el marco para observar el cielo apenas comenzando a aclararse.
Sus ojos se desviaron a Kohaku, viéndola con las manos aferradas a su vientre.
—Estoy de regreso... y en el momento más crucial de todos. —Se frotó las sienes con preocupación—. Otro bebé... otro blanco para Kinoeda...
Era bueno ya no tener la mentalidad de un mocoso de 18 años, pero mierda que sí antes pensaba estar estresado había sido ingenuo, esto que sentía ahora era literalmente diez billones de veces peor.
La culpa todavía le pesaba, el no saber qué hacer para arreglar a su familia rota por él mismo lo estaba matando, y ahora por encima de todo tenía que cargar con pensar diez pasos por delante de Kinoeda o acabaría perdiendo en este juego mental retorcido que tenían y no solo perdería a su familia, sino a la humanidad entera.
Desearía desde el fondo de su corazón podrido el poder alegrarse por tener otro bebé, y sí estaba feliz, pero por otro lado... aunque se sentía mal por pensar así, no podía negar que este bebé sería otro blanco, y un blanco totalmente indefenso y dependiente de su familia.
Cuando Kinoeda los logró acorralar ya un par de veces, muchas veces se salvaron por la increíble capacidad de Tsukiku para salvarse sola incluso cuando todo lo demás fallaba, la niña era brillante, fuerte, rápida, y dispuesta a pelear hasta el último segundo.
Pero ¿un bebé? En el momento en el que algo fallara, en el momento en el que Kinoeda lo tuviera en sus manos, habrían perdido.
Kinoeda lo sabría al instante, en cuanto supiera que tenía otro hijo o hija con Kohaku, sabría que aplicaban los mismos términos y condiciones.
Senku no estaba dispuesto a perder un hijo, se arrancaría el corazón del pecho con sus propias manos y dejaría a la humanidad a su suerte a ser condenada por un demente con delirios de dios antes que fallarle a Kohaku de esa forma dejando que maten a sus bebés.
No otra vez...
Nunca más otra vez...
Y Kinoeda sabía eso perfectamente.
Senku suspiró, acercándose a Kohaku y posando una mano en su vientre.
—Lamento que tengas que nacer en medio de todo este problema... pero ya te amo, ¿sabes? —susurró con voz muy baja, sin querer despertar a Kohaku—. No importa lo que pasé, prometo que te voy a proteger.
Sucediera lo que sucediera, este bebé iba a vivir, junto con su hermana, de eso Senku se iba a asegurar hasta las últimas consecuencias.
Por eso se tenía que adelantar a Aspen, tenía que ser muy cuidadoso.
No tenía el cien por ciento de sus recuerdos, pero podía llenar algunos huecos con recuerdos sueltos de momentos importantes puntuales, así que eso no era una excusa.
—¿Qué tanto jodí mi cerebro? —se preguntó con una mueca de rabia hacia sí mismo.
Suspiró, depositó un beso en la frente de Kohaku y abandonó la habitación para dirigirse a su laboratorio.
—Reima —habló con firmeza.
Reima se activó de inmediato.
—Bienvenido de regreso, Senku-sama. —El bastardito tuvo el descaro de sonar feliz, je.
—Supongo que Reimo ya te fue con el chisme —murmuró mientras encendía su computadora principal.
—Ella se entera de todo, sí. —Reima flotó hasta estar a su lado, sonando bastante feliz—. ¿Quieres un informe de los procesos que dejaste pendiente desde tu accidente?
ESTÁS LEYENDO
Re-Mind
FanfictionSPOILERS DEL MANGA/ Cuando Senku abrió los ojos, esperando encontrarse con sus amigos y muchos más proyectos científicos por delante, se sorprendió al despertarse en un lugar completamente desconocido. ¿A quién pertenecían esos familiares ojos azule...
