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Oigo ruidos, como pasos y murmullos. Agarro mi cobija y me acurruco en mi cama, hace más frío que en los otros días, como quisiera tener a Charlie abrazándome, dándome un poco del calor, desgraciado Remus que no deja a Charlie volverse a dormir conmigo, desgraciados celos de hermano que recorren su cuerpo, desgraciado yo, por no tener una hermana a quien abrazar.

—¡Sirius! —oigo a Charlie gritar, me muevo levemente, pero no quiero despertar— ¡Sirius Black! ¡Despierta o no te doy regalo de cumpleaños!

¡Claro! Hoy es tres de Noviembre, ¡mi cumpleaños!... pero también es sábado... ¿por qué me levantaría? ¡Ah, sí! ¡Mi regalo!

Despierto y miro a mi alrededor, James, Remus, Peter y Charlie -quien está levantando su varita- me están observando, con una sonrisa en los labios, pero no estamos exactamente en nuestra habitación, tampoco es como si estuvieran a un lado de mí, en sus camas... ¡Me están levitando!

—Charlie, hermosa, no te atrevas —ella ríe y mueve su varita hacia abajo, estoy apunto de tocar el agua del lago—. Charlie, te daré de mi pastel de calabaza.

Charlie hace un movimiento con su varita, eliminando el hechizo que me mantenía levitando. Caigo al agua fría del lago, ¡junto con mi cama! La orilla me queda a siete metros, ¡desgraciados!

—¡Pedazos de... Ogros! ¡Estúpidos infelices! ¡Cabrones de mierda! ¡Los mataré, idiotas! —grito cada uno de los insultos que me sé mientras salgo del agua helada.

—¡Porqué eres un buen compañero! ¡Porqué eres un buen compañero! —empezaron a gritar a todo pulmón, miro el cielo, no falta mucho para que salga el sol, deben de ser las tres de la mañana.

—¡Merlín! —grito enojado, Charlie se acerca a mí y me abraza, brindándome todo el calor que tiene su pequeño cuerpo.

—¡Feliz cumpleaños, Sirius! —dice en mi oído, suspiro y correspondo su abrazo en busca de su agradable calidez.

—¡Abrazo grupal! —grita James y todos me rodean en un abrazo, el calor que me invade es agradable, pero no dura mucho, ya que se separan de mí sonriendo.

Charlie me apunta con su varita y murmura un hechizo, nuevamente siento un pequeño calor invadirme.

Le sonrío como agradecimiento, ella me devuelve la sonrisa, pero es diferente, esa sonrisa nunca la había mostrado, tan libre y hermosa...

Y era sólo para mí.

—Ya vayámonos, no quiero un castigo y no poder participar en el primer partido de quidditch —comenta James.

Miro como Remus saca mi cama del lago y la seca, entre él y Charlie se la llevan a la sala común.

Entramos a nuestra habitación y dejan mi cama en su lugar, como si nada hubiera pasado, me meto a bañar, no quería enfermarme en temporada de quidditch.

Cuando salgo del baño, miro mi cama, tiene regalos alrededor de ella, los chicos habían puesto una mesa en medio de la habitación, la mesita tiene un pastel gigante, y no miento, me sorprende que la pobre mesita pueda soportar tanto peso.

¡Feliz cumpleaños! —gritan los chico sonriendo, a un lado de ellos se encuentran platos y cubiertos levitando.

—Gracias, chicos —murmuro sonriendo, me acerco al pastel y lo miro—... ¿Dónde lo sacaron?

—Charlie encontró la cocina —contesta James riendo—, nos enseñó el camino y entramos, ¡está rodeada de elfos!

—Así que les pedimos muy cordialmente que nos hicieran un pastel para hoy, y aquí lo tienes —comenta Remus.

—Aunque creo que exageraron un poco el tamaño. —Charlie se acerca al pastel y agarra un poco de merengue.

—¿Poco? —pregunta James— ¡Está enorme!

—Ya, más para mí —interrumpe Charlie —, ¡abre tus regalos!

La miro y sonrío, eran muchos regalos, cosa que me sorprende, solamente esperaba recibir por parte de mis amigos, los merodeadores.

Abro el primer regalo, de John Peterbilt, el capitán de nuestro equipo. Su regalo fue simple, una copia en miniatura de mi escoba, volaba por toda la habitación.

—¡Quiten esta mierda!—grita James corriendo por toda la habitación mientras que la escoba en miniatura lo persigue golpeándolo cuando lo alcanza— ¡Joder! ¡Ayuden en algo!

Remus hace un movimiento con su varita murmurando un prohibire-no-sé-que-más.

Will, Nicholas y Oliver también me dieron un regalo, Narcissa, Andrómeda, Tonks y Regulus también, me alegra saber que siguen recordando mi cumpleaños.

Abro el regalo de James, un espejo, miro a James con curiosidad. No necesito un espejo para saber lo genial que me veo en el día.

—Es un espejo mágico —contesta mi pregunta silenciosa, mientras me enseña otro espejo igual—, mira por tu espejo —miro mi espejo y encuentro a un James sonriendo en él—, podemos hablar en clases cuando nos separen.

—Bien pensado —digo riendo, la maestra McGonagall nos ha estado separando en sus clases.

Abro el regalo de Peter, tres cajas de ranas de chocolate, Charlie chilla tratándome de quitar una, pero la abrazo agarrando sus brazos.

—Dame una —murmura, estoy seguro que si no le doy una empezara a hacer sus típicos berrinches de niña rica sangre pura... que claramente no es, gracias por su educación, Abuelos Lupin.

—Tranquila, pequeña hipogrifo, después del pastel te daré —digo y a ella se le ilumina la mirada—... duro contra el muro.

¡Sirius! —gruñe Remus apuntándome con su varita, yo levanto mis manos.

—¡Era broma! —grito y me escondo detrás de Charlie, esta chica es un buen escudo contra Remus.

—¡Sirius! ¡Sirius! —dice Charlie como niña pequeña. La miro con interés.

—Abre el mío y de Remus —dice mostrándome una pequeña caja.

Agarro la caja y la abro con cuidado, dentro de ella hay una pequeña pulsera de colores, algo femenino para mi gusto.

Miro a Charlie y a Remus, ellos se ponen a reír.

—Te dije que esa iba a ser su expresión —dice Remus riendo.

—Es muy cómico —contesta Charlie—. Es una pulsera de pelos de unicornio, suelen saber lo que sientes.

—¿Saber lo que siento? —pregunto mirando la pulsera.

—Cambia de color —contesta Remus. Charlie se acerca a mí y pone la pulsera en mi mano. Cuando toca mi mano, la pulsera se vuelve dorada, tal vez un poco más amarilla.

—Felicidad —dice Charlie sonriendo.

—¡Hicimos feliz al indeseado! —grita James, todos ríen y aplauden cantando la canción de cumpleaños. Nuevamente.

Partieron el pastel... o lo agarraron con la mano mientras lo ponían en el plato, Remus fue el único decente en agarrar su pedazo con un cubierto.

—¿A qué hora es el entrenamiento? —pregunta Remus.

—A las nueve, ¿por qué? —pregunto, nos habíamos quedado unas horas platicando.

—Faltan cinco minutos —murmura.

James, Charlie y yo nos paramos, seguramente para entrar al baño, pero como Charlie es tan tierna y agradable, nos amarra las piernas con un hechizo y se mete a bañar ella.

Entre gritos y pisotones llegamos al entrenamiento, todos nos miraron al llegar, éramos los últimos. John nos hará entrenar dos horas más por la tardanza.

¡El desgraciado haría lo que fuera por poder coquetear más tiempo con Charlie! Y lo peor es que Charlie le seguía el coqueteo. Como si no lo notara nadie.

Algunas veces pienso que tienen algo ellos dos, porque, por lo visto y los rumores que corren por los pasillos de Hogwarts, ellos suelen hablar muy de cerca, jugar con su manos y sonreír cada minuto que están juntos.

Los merodeadores.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora