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Miro a Dumbledore, parado frente al Gran Comedor dando el discurso de bienvenida para los de primero. Me recargo en la mesa y suelto un suspiro. James está jugando con sus cubiertos, Peter mira a James, Remus no separa su vista del nuevo libro que tiene y Charlie está mirando a Dumbledore con gran admiración... A mí... pues a mí se me acaba de ocurrir algo.

Agito mi varita y murmuro el estúpido hechizo que tarde más de dos meses en aprender, ahora le encuentro la utilidad. El cubierto con el que James estaba jugando se convierte en un gran y azul globo, el cual flota por el gran comedor llamando la atención de todos.

—Sirius, no te atrevas —susurra James mirando al globo azul, el cual se dirige a la mesa de Ravenclaw.

—Oh, vamos, va a ser gracioso y... —miro el globo, el cual se está inflando cada vez más— no lo puedo detener.

Y, después de lo que dije, el globo estalla haciendo un enorme sonido de gas, saliendo de él un líquido verde y derramándose en Adam y sus amigos.
James abre los ojos y se tapa la boca para no soltar una carcajada, yo lo imito y trato de tomar el aire que necesito para no verme culpable, puede que todos hayan visto el globo, pero no de donde salió, ¿o sí?

—¡Pero que falta de respeto! —gruñe la profesora McGonagall— ¿Quién a hecho eso?

—Profesora, por favor —dice Dumbledore sonriendo—. Bueno, alumnos, eso es todo, pueden iniciar el banquete —da un pequeño aplauso y la comida aparece frente a nosotros, ¡ya era hora!

—Sirius, no vuelvas a hacer eso —gruñe Charlie.

—¿Por qué? ¿Por ensuciar a tu novio? —pregunto burlesco.

—También, pero me refiero a interrumpir a Dumbledore y...

—¿Pero qué te crees? —se oye la voz de Lily a nuestras espaldas— ¿Cómo te atreves a hacer algo como eso?

—Vamos, rojita, fue divertido.

—¡Claro que no! ¿No vas a madurar nunca? ¡Por eso nunca tienes una relación seria! ¿Acaso no te harta hasta tus propias niñerías? —iba a decir algo más, pero una varita se alza apuntándola.

—Evans, eres mi amiga —dice Charlie—, pero nunca le hables así a mis hermanos.

—¿Ahora los defiendes? —Lily parecía estar realmente molesta

—Los voy a defender siempre.

—¡Pero mira lo que le hicieron a Adam! —dice sorprendida— Pensé que apreciabas a Adam.

—Aprecio a Adam —contesta Charlie moviendo su varita, como si tratara de explicar algo—, pero aprecio más a mis chicos que a él.

—¡Por Dios! —gruñe— ¡Pensé que iban a ser novios!, pero con tu comportamiento, dudo que tú y Adam lleguen a algo.

—¡Por Merlín! ¿Desde cuándo hablas tanto? —al tono de voz que usa Charlie, se le notaba la desesperación— Y te equivocas, Adam y yo somos novios desde antes de salir de vacaciones —murmura algo orgullosa Charlie.

¿Qué es lo que tiene Adam para que Charlie se sienta orgullosa de él? Si él la hace sentir así,¿cómo se sentirá conmigo como novio?

—Pero que tontería —dice Lily molesta.

—¿Algo más que quieras decir? —pregunta Charlie bostezando— Prefiero hacer esas tonterías que las palabras aburridas que tú dices.

—Son unos estúpidos, inmaduros y falsos —grita enojada. Todos la miramos asombrados, Lily nunca decía... obscenidades, y eso hasta los de Slytherin lo sabían.

—¡Wow! —digo sonriendo, tratando de que Charlie y Lily no terminaran hechizándose frente a todo el colegio— No pensé que sabías tanto de nosotros, ¿quieres seguir? Nosotros tomamos nota.

Lily se enoja completamente y se da la vuelta, saliendo del Gran Comedor llamando la atención de todos los estudiantes.

—Creo que tu novia se enojó con nosotros, James —murmura Charlie sonriendo.

—Ahora tendrá que darle sexo de consolación —digo riendo, Charlie me lanza un pedazo de pollo, que me cae en el ojo—... ¡Ay!

—Eso por la estupidez que acabas de decir y esto —esta vez me lanza todo el plato con las muslos de pollo en él—, por interrumpir al profesor Dumbledore.

—¡Señorita Lupin! —el grito de la profesora McGonagall nos sobresalto a todo— ¿Me puede explicar por qué lanzó eso?

Podía ver el cerebro de Charlie trabajar duramente para obtener un plan que la ayude a no ganar un castigo, y, como si una pequeña lampara la iluminara, empieza con su actuación improvisada.

—Perdón, profesora —murmura por lo bajo y sus mejillas se tiñen de un pequeño color rosado, haciéndola fingir terriblemente arrepentida... y hermosamente tierna—, no me gustaría decirlo frente tantas personas.

—¿A qué se refiere? —pregunta la profesora confundida.

—Los medimagos me dijeron que podría sufrir un pequeño... descontrol emocional después de todo lo ocurrido y... —el rosa de sus mejilla se vuelve en un rojo fuego que se expande por toda su cara... jodidamente adorable— la luna llena acaba de pasar, haciendo la situación un poco... fuera de mi alcance —baja su tono de voz, para que solo los que estamos realmente cerca la escucháramos.

La profesora McGonagall lucía un poco sorprendida por la declaración de Charlie, la cual sí era totalmente cierta... hace medio año atrás, claro.

—Prometo que trataré de controlarme, no quería causar problemas, es sólo que... no me gustó como le habló a Sirius... o como se dirigió a nosotros... y luego Sirius...

—Está bien, Charlotte —la profesora se encontraba agachada frente a Charlie, mirándola con cariño... ¿es qué ni siquiera la profesora se resiste a sus encantos?—. Esta vez no recibirás un castigo, pero trata de controlarte un poco, por algo se empieza.

Cuando la profesora se fue y los alumnos de levantaban para irse a su Sala Común, Charlie me da un puñetazo en el hombro, mirándome enojada.

—¡Oye! ¡Compórtate! —trato de imitar la voz de Lily, pero no puedo, haciendo reír a mis amigos.

—¿Cómo creen que será este año? —pregunta James pasando sus brazos por mis hombros y los de Remus.

—Sorprendente —contesta Charlie sonriendo—, y... quiero la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras.

—¿Por qué? —pregunto tratando de mirarla.

—Leí el libro en casa, y tiene los temas que tanto he esperado.

—Hablando de casa, ¿cómo te fue con tu padre estas vacaciones de verano? —pregunta James.

—Excelente, Remus, él y yo jugamos quidditch, fue divertido ver como Remus se caía de la escoba cada vez que podía.

—¡No es mi culpa! —gruñe Remus guardando su libro con un pequeño sonrojo en sus mejillas.

Entramos a la Sala Común y subimos a nuestra habitación, cada uno llegando a su respectiva cama.

—Sí lo es, si dejaras que tu adorable hermana te enseñara, no te caerías tan seguido —contesta Charlie.

—Adorable, sí, claro —una almohada vuela a mi cara, pero esta vez logro atrapar el objeto lanzado por Charlie— ... ¡Já!

Charlie saca la lengua a mi dirección y me enseña su dedo corazón, yo trato de no reír: imposible. Adoro a esta chica, es de las pocas que me demuestran que no debes ser completamente un dama para encajar en la comunidad mágica.

Los merodeadores.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora