Camino cansado por el Callejón Diagon, Charlie me había pedido ingredientes para una poción, al parecer los medimagos especializados en eso habían tenido un pequeño accidente, donde sólo dos permanecen con vida y gravemente heridos.
Parece que el inadaptado quiere que nadie se cure después de salir a salvo de sus estúpidos mortifagos, y ahora está matando a medimagos. Remus, James, Lily, hasta Peter y yo estamos preocupados por ella, ya que parece no importarle los medios, sólo los matan.
Aunque Charlie también ha estado rara, recibe cartas constantes y, cuando las lee, su cara palidece y se levanta temblando, dando pobres escusas de que es relacionado con San Mungo.
Miro a la puerta de la tienda, ¿aquí venderán veneno de Acromántula? He recorrido cada tienda del callejón y nadie tiene, es difícil de conseguir.
—¡Hey, Sirius! —dice el gigantesco guardabosques de Hogwarts... y también amigo de los merodeadores.
—¡Hagrid! —grito dirigiéndome a él— Cuanto tiempo, amigo.
—Dímelo a mí, no me han ido a visitar —dice cargando cuatro bolsas en cada mano.
—El trabajo, lo siento —digo y empezamos a caminar hacia ningún lugar aparente—. Eso parece pesado.
—Lo es, Dumbledore me pidió comprar algunas cosas, y también necesito ciertas cosas para cuidar las calabazas, los buitres se las están comiendo —dice con su típica voz jovial—. ¿Y tú que haces aquí, Sirius?
—Busco veneno de Acromántula, Charlie lo necesita para una poción —murmuro y me asomo en un tienda—. ¿Tiene veneno de Acromántula? —grito al encargado, el cual niega apenado. Que peste— La he buscado por todas partes y pareciera que no hay.
—Yo te puedo conseguir —dice Hagrid sonriendo—, tengo en Hogwarts, así que, cuando llegue, te la mando vía lechuza.
—¿En serio? —pregunto mirándolo. Hagrid asiente entusiasmado— ¡Amigo, eres grande!... Aparte de tu tamaño.
Hagrid suelta una carcajada y me despeina el cabello. Mi hermoso y sensual cabello.
—¿Sigues con Charlie? —asiento sonriendo feliz. Ella me hace feliz— Pensé que no encontrarías a nadie.
—Bueno, ella es mi nadie —murmuro sonriendo.
—Pensé que no iban a durar mucho, pero ahora que lo pienso son diferentes, pero tienen su forma de parecerse —comenta llegando al frente de una puerta.
¿Qué se supone que dijo?
—Nos vemos luego, Sirius —dice entrando a la tienda.
—¡Adiós, Hagrid! —grito cuando él entra a la tienda. Hagrid voltea y se despide con la mano.
Agarro con firmeza las bolsas que tengo en en mano y desaparezco para ir a la casa de los Lupin Aparezco frente la puerta y la abro. Remus está sentado en la sala, cuando me ve levanta su varita y espera a que hable. Los merodeadores tenemos nuestra palabra secreta.
—¡Pistaches! —digo arrogándome al sillón de su lado y dejando las bolsas en el piso. Remus baja su varita y agarra su libro— Rems, ¿y Charlie?
—Recibió otra carta y se fue —murmura y, para mi sorpresa, deja su libro y se incorpora en el sillón—. Esta vez fue peor, duró diez minutos paralizada con la mirada llena de miedo —murmura preocupado—, cuando me acerqué a leer la carta, Charlie rápidamente desapareció la carta con fuego, ya sabes, su estúpido hechizo —dice, luego me mira a los ojos. Está realmente preocupado—. Cuando se quiso parar, se cayó como cinco veces, empezando a tartamudear más de la cuenta. Sirius...
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Los merodeadores.
FanfictionEl mujeriego Black, sin durar con una chica menos de un día, sin corazón, arrogante y misterioso Black. El merodeador más deseado de todos y, claro, el más compartido. Black, el que nunca se enamora y siempre piensa por sí mismo... ¿o eso es lo que...
