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—Ya te he dicho, hice una reservación —gruñe Charlie molesta.

—Pero es un restaurante muggle —digo mirando el restaurante con una mueca.

—Aquí venía con papá —dice sonriendo melancólicamente—. Quería compartir este lugar contigo... —hace una mueca de tristeza, al punto de parecer puchero.

Suspiro exageradamente y miro la puerta de cristal de aquel lugar.

—Te odio —gruño y agarro su mano para entrelazar mis dedos con los suyos.

—Yo también —contesta sonriendo feliz.

Como siempre que consigue lo que quiere.

Entramos al restaurante y nos dirigimos a la persona que se encuentra parada frente a un pequeño escritorio, le llaman recibidor, ¿no? Debe tener algo de parecido a los restaurantes del mundo mágico.

Miro al joven que se encuentra atrás del pequeño escritorio. No sé quien sea o qué se crea ese desgraciado muggle, pero cuando su mirada se centra en Charlie una sonrisa seductora se forma en sus horribles y destrozados labios.

—Buena noche, bienvenida a Dracs Oulf, ¿tiene reservación? —se queda callado aún con la mirada puesta en Charlie, sin quitar su estúpida mirada de mi novia o fijarse en mí.

—Buenas tardes, sí, tenemos una reservación —contesta Charlie jugueteando con mi mano, para que el muggle se fijara en en mí.

Robert, como dice su identificación, me mira con desprecio, pero vuelve a ver a Charlie con u asquerosa mueca seductora en sus estúpidos labios.

Esto me hace sentir totalmente invisible. Como si tuviera la capa de invisibilidad de James.

—¿A qué nombre está su reservación? —mira a Charlie en todo momento.

Maldito muggle urgido.

—Lupin —dice Charlie y el muggle mira la libreta que se encuentra y sonríe al encontrar el nombre de Charlie.

—Bonito nombre, señorita Charlotte —comenta y luego se incorpora totalmente—. Su mesa está por aquí.

Empieza a caminar para mostrarnos la mesa, la cual está en el centro del lugar.

—Aquí está el menú, cuando sepa que pedir me llama. Si le preguntan, soy el mesero Robert, señorita Charlotte —dice sonriendo.

Juro que le quitaré esa sonrisa a hechizos...

—Lupin, para usted, señor Robert —contesta Charlie recorriendo una de las sillas para mí, en la cual me siento mirando al muggle molesto.

Robert asiente con cortesía y pasa lentamente por mi lado, mirándome con desprecio.

—Un hombre de verdad haría lo que ella hizo por ti, bastardo —gruñe y se para volteando a Charlie con una reluciente sonrisa—. Espero que nuestro menú sea de su agrado.

¿Qué mierdas...?

—Gracias —murmura Charlie sin prestarle mucha atención—. Aunque quiero una espagueti, por favor.

—Buena elección, señorita Lupin —contesta Robert sacando una libreta de su bolsillo.

—Con dos platos, por favor.

A Robert le da un pequeño tic en la nariz y sonríe ampliamente.

—Bien, señorita, ¿algo más? —pregunta prestando toda su atención a Charlie, y ella no parece darse cuenta.

Los merodeadores.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora