Presagio | Especial San Valentín.

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II Versión.

Él tenía una teoría, y descubrió que la única forma de convertirla en realidad. Sería, al ponerse manos a la obra con sus planes. Y sin embargo, aunque Guillermo lo tenía totalmente presente, no era capaz de ejecutar sus propias ideas. La confusión embargaba constantemente su mente.

Porque apesar de que nunca dudaría de lo que desprende las pulsaciones de su acelerado corazón. De igual manera, surgía ciertos obstaculos al momento de llevar a cabo, y por fin comprobar la eficacia que contenía su teoría. Simplemente se le dificultaba cumplirla. A pesar de lo dispuesto y comprometido que se plantaba.

Retrocedía un paso, en todas esas ocasiones, las cuáles se presentaban perfectas para realizar la confesión, y al fin reafirmar el planteamiento, que conllevaba meses como teoría rondando su cabeza. 

Samuel nunca fallaba a alguna de sus regulares citas -no cita, en realidad- de salida casual que compartían. Daba por hecho, que la señal de dejarle plantado; debido a la falta de tiempo del mayor. Era un presagio. Que haría mella para su total desánimo de continuar intentando. No obstante, eso no ocurrió. Por lo pronto los intentos no bastarían.

Quizás la segunda vez, le haría dudar. Después de desechar rotundamente la primera idea de cena romántica en la terraza de algún lindo lugar, bajo la iluminación de la luz de luna, en una cálida noche. En cambio renovó de nuevo su interés, con algo más simple y con mínimas posibilidades de fallar. De igual manera no se rendiria, pero lo impredecible ocurrió. Gracias a las entrometidas alarmas del piso que compartían los alertara, y tuvieran que dirigirse a toda prisa hacía el exterior del edificio. Sin la cena aún servida, y sin modo de regresar por varias horas. Hasta que se solucionará el percance.

A la tercera ocasión. El ambiente se acoplo suave y acogedor alrededor de la comodidad del sofá. Él tuvo que  haberlo previsto. Pero se confío lo suficiente para no verlo venir. Al punto de echarle una mirada de esas cargadas de todo lo que estaba a segundos de decir en palabras, las que tanto tiempo le tomo memorizar. Pero como su destino es caprichoso. A medida que llamaba la atención del contrario, el timbre del departamento sonaba. Esfumandose la magia que se llegaba a palpar al momento.

Por último, y por ende el definitivo. Con el nulo conocimiento que poseía en circunstancias similares; el nombrado idealizador de imposibles, a éste punto consideraba que todo lo que intentara, fuera lo que fuera, no funcionaría. Pero ahí estaba, por cuarta ocasión, en la cual solo rogaba poder lograr su objetivo. Por muy avaricioso que sonará. Tacho en la lista que se alargaba todos los días, opciones que pudiera concretar. Hasta que ubicó una posibilidad razonable que estaba seguro que no podría arruinar, o que al menos los factores externos no incidieran en su proposito.

El día pronosticaba ser favorable para un tranquilo paseo por los alrededores de la ciudad. Luego de detenerse en algún parque poco concurrido. Soltar alguna que otra palabra bien sonante, que de por concluido el tan esmerado deseo, siendo finalmente sellado con un ansioso beso a la orilla de la vereda. A leguas la teoría podría llevarse en práctica. Sin embargo, los resultados son tan impredecibles como inexactos.

Lo que no augura es que una tormenta se desenvuelva cubriendo la ciudad. Definitivamente la lluvia empapando sus ropas, no estaba entre sus planes. Tampoco el aguardar las inclemencias del clima bajo el techo de algún local comercial.

Sin duda no lo tenía previsto. Por lo tanto, toda valentía que poseía sobre la propuesta, la tendría que postergar. Empujando el detalle encerrado en el interior de una pequeña caja, muy al fondo de su bolsillo. Al igual que sus ánimos rotos y desilusionados.

Pero como cualquier plan, la verdadera perfección está en lo que surge de improviso. Cuando miras en la otra persona los destellos de lluvia dibujando su mirada. Ahí te das cuenta, en el preciso momento, en el que su sonrisa constante abre paso por sus comisuras. Deteniendo tú mundo por completo, contemplando las tonterías que únicamente a él le hacen gracia.

Con las que ya no eres capas de despegar de ti. Y de todo lo que a tu vida complementa. Así, la teoría de Guillermo, que contenía instantes inolvidables, se redujeron a una sola frase. Directa y sin tapujos. Que paralizó al mismo Samuel a su paso, lo que tan solo amplio aún más la sonrisa resplandeciente que no lo abandonaba. Ni cuando sus labios aterrizaron juntos, formando un beso descordinado, de lluvia y lágrimas de felicidad. 

"Cásate conmigo."

"

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Drabbles | WigettaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora