Ser gay y no curarse del amor

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Ana Istarú (Escritora costarricense).

Intento calzarme los zapatos de mis amigos gays. Debo decirlo: no son confortables. Intento calzarme los zapatos de aquellos gays que no pueden confesárselo a sí mismos y engañan su dolor hundiéndolo, por ejemplo, en alcohol; los pies me sangran. Intento imaginarme a mí misma en un nebuloso mundo trastocado en el que me viera forzada a renunciar a aquel que amo y tuviera que desposarme, vivir, comer, dormir con alguien cuyo sexo no es de mi elección, so pena de perder el amor de mis padres y el respeto de mis vecinos, de ser el blanco de chistes sangrientos, de soportar hostilidad, maledicencias, rechazo. No sé ni cómo haría para respirar.

Nací aquí. Me alimentaron en la escuela con enormes cucharadas de paz y democracia. Éramos la decencia política en un vecindario plagado de dictaduras, un país diminuto que para brillar en el firmamento del planeta no contaba con más luz que la de su respecto por los derechos humanos. Y es aquí donde se prepara, lo sabemos, un referendo que busca establecer que ejercer la solidaridad sobre las personas que se ama, seguirá siendo un privilegio de los heterosexuales.

Intento calzarme los zapatos de mis amigos gay y mis amigas lesbianas. ¿Qué pretenden las iglesias? ¿Que no amen, que se "curen"? ¿Que dejen morir en su interior toda su capacidad de afecto, su devoción por el otro, lo mejor de sí, su esencia humana? ¿Podría yo misma, por ejemplo, decidir no amar nunca jamás a un hombre? ¿Puede alguien "curarse" del amor? ¿Para qué? ¿Por qué? ¿Porque la relación homosexual no engendra una familia? Sobre esto hay mucha tela que cortar. Si no que lo digan tantos padres y madres homosexuales como hay, por las complejidades de la vida, o por un descubrimiento o aceptación tardía de su orientación sexual, devienen padres y continúan, obviamente, siéndolo.

Y sí esa fuera la razón, ¿deberíamos proponer un referendo para decidir si las uniones heterosexuales que optaron por no tener hijos tienen derecho o no a heredar a su pareja, a otorgarle pensión, a cubrirla con seguro médico? ¿Lo merecen realmente? ¿O ejercer la solidaridad sobre la persona que se ama debe ser privilegio exclusivo de las parejas heterosexuales...con hijos?

¿Qué pretenden, en fin, las iglesias que tanto proclaman el amor? ¿Que mis amigos gays lo abandonen y abracen la castidad? ¿Que se hagan curas?

No abochornemos más a mi maestra de escuela, ni a esa lucecita que todavía brilla con esfuerzo en los libros de texto de mi infancia.

Estamos en Costa Rica y podemos demostrarlo.

Un poco de mí con estas palabras, y lo que con los años he descubierto, gracias a los chicos, a escribir, y a leer.

Ahora después de bastante tiempo encontré a lo que realmente me quiero dedicar por el resto de mi vida. Nunca es tarde, se los aseguro.

Sean arriesgados, que al final vale la pena.

Continuaré aquí avanzando, mejorando, progresando; esperó que ustedes también sean parte de mi pequeña y loca imaginación.

Seguiré publicando fragmentos como este para que conozcan a la persona detrás de las palabras. Que aún no se rinde, y sigue escribiendo historias de amor.

Anne☄

Drabbles | WigettaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora