(By Night/ Puzzle Muteson)
Anteriormente...
—Sigues sin creerme —afirmó mientras yo desviaba la vista al piso, no era justo, no era justo que viniera a dárselas de superhéroe cuando era un puto secuestrador —¿Qué puedo... —comenzó a preguntar con hipocresía y yo asumiendo lo que quería decir hablé antes de dejarlo terminar la frase.
—Nada, no puedes hacer nada por mí.
Y eso hizo, nada, con un suspiro agotado apoyó el rostro sobre su palma, llevando sus ojos vacíos a ningún punto concreto del lugar.
Aquella fue la última imagen que vi antes de dormirme, no me di cuenta que se comenzaban a cerrar mis párpados cuando ya estaba completamente sumergida en un sueño profundo, no importó cuanto le discutiera o cuanto temor tuviera, el cansancio fue más grande que mi orgullo.
El sueño era la parte más hermosa de aquellos momentos, donde todo dejaba de existir, pero cada vez que abría los ojos, todo se multiplicaba; la angustia, el dolor físico, la desesperanza. Cuando desperté aquel día sentí que alguien me tocaba el hombro mientras un susurro me llamaba, <<Bini>> oí y por un par de segundos todo desapareció, solo había sido una pesadilla, estaba en casa segura, arropada...
Abrí los ojos lentamente, para enfocar el horroroso cuarto color azul con esquinas mohosas que seguía rodeándome, aquella jodida habitación aún estaba intacta. Me moví tan rápido como fue posible, evitando su tacto por reflejo, mi rostro desbordó pánico mientras terminaba de disipar las huellas que la inconsciencia había dejado. No quería ser mala con él, pero simplemente no confiaba en nadie, no quería que nadie estuviera así de cerca.
Se que lo entendió, cerró su puño lentamente mientras se guardaba la mano en el bolsillo del vaquero negro que usaba, obligándose a dejar las manos para él.
—Te traje algo de comer —habló a penas, sin mirarme, su voz era cortés pero forzada, él quería actuar así, pero no lo sentía realmente.
Lo miré con el ceño fruncido, sus palabras no tenían ni una mínima parte de sentido en mi cabeza.
Una sonrisa pequeña se instaló en su rostro como si intentase darme seguridad, pero la alegría no le llegó a los ojos, nuevamente se estaba obligando a actuar para hacerme sentir un poco mejor, más que una sonrisa parecía una mueca de disculpa.
—No quiero nada, muchas gracias. —Corté rápido su rollo sin siquiera devolverle la sonrisa, enfatizando con ironía el "muchas gracias"—. Quizás que le han puesto a la comida —solté con rabia muy bajo, pero él escuchó perfecto, bajó la vista mientras se devolvía a su asiento junto a la puerta y una punzada de culpabilidad me hizo hablar otra vez, si seguía así podría actuar como todo el resto al cansarse de mi grosería constante—. No tengo hambre —agregué con humildad para bajar el perfil de la situación, entonces asintió más para sí mismo que para mí, sin siquiera mirarme.
Lo segundos resultaban ser la tortura más grande, era como si se alargasen eternamente, se estiraban tanto como podían para hacerme sentir que jamás terminaría aquello.
Una brisa me llego a la nariz, el hedor fue tal que nuevamente solté una arcada, su cabeza se levanto para ver que me había pasado y antes de que yo alcanzara a decir algo se puso de pie para alcanzarme.
—Me cansaste, vamos al baño —avisó mientras de sus bolsillos traseros sacaba una llave para soltarme las manos. Imitó el procedimiento que antes había hecho Simon, pero esta vez le pedí que me diera unos minutos para mover mis muñecas.
ESTÁS LEYENDO
Cautiva
Teen FictionEl frío distrito universitario de Cambridge es el único hogar que Lepbinia Miller conoce, criada por dos padres preocupados, tres hermanos hermosos y una vida llena de amor, esta chica universitaria no sabe los múltiples caminos a los que la vida pu...
