(Winter/ Daughter)
Madre mía, ¿puedo matarlo a pinchazos?
Espero que no, pienso empapando un algodón para limpiar su brazo.
¿Qué tan difícil puede ser?
Intento recordar el procedimiento que Igor siguió conmigo, salvo por el hecho de que me muevo con una torpeza extrema.
—Extiende tu brazo y aprieta con fuerza —pido con un hilo de voz, observando como las venas se le marcan en el antebrazo al obedecer a mi petición—. ¿Estás seguro de esto?
Veo a Harry morderse los carrillos mientras quito la tapa de la jeringa nueva que acabo de extraer del envoltorio. Evidentemente no responde, solo me mira el rostro como si quisiera gritarme para que deje de tardar.
No me he puesto guantes, carajos, ¿debería hacerlo ahora?
Al diablo, con el dedo indice toco el lugar que debo pinchar para ver si es que efectivamente siento alguna vena que se eleve sobre el resto y casi grito de felicidad al corroborar que es así. Acerco la aguja a su piel con inseguridad y tanto como me acerco a ella, mis ojos se van cerrando porque no quiero ver el desmadre que haré.
—Lepbinia, te clavarás un dedo tú si haces eso —añade, logrando que mis ojos vuelvan a abrirse—. Mira lo que haces.
Su rostro esconde en una mueca los nervios que siente, pero me atrevo a apostar a que no surgen de mi patética intervención médica, sino de algo más.
—¿Me explicarás por qué demonios estás obligándome a hacer esto? —cuestiono entrecerrando los ojos, intentando acertar al lugar de la punzada.
Es menos terrible de lo que esperaba, es parecido al procedimiento que hago en navidad cuando inyecto el pavo con licor de naranja, salvo porque en este caso, la carne no es un trozo de algún animal que trajo mamá desde el supermercado, sino de Harry.
—No —suelta escuetamente e intentando controlar la expresión de dolor que le domina el rostro cuando la aguja le ha atravesado la carne—. No tienes para qué vengarte con esto —agrega en broma, pero la verdad es que no me molesta que le duela un poco.
Bueno, la vida no es bella, y me lo reafirmo al observar como su brazo no suelta ni una gota de sangre. Carajos.
—No sale nada —indico al observar que el tubo no se llena.
—Sácala y vuelve a ponerla —ordena llenando de aire sus pulmones.
Quiero azotar mi cabeza contra la pared, pero en lugar de ello retiro la jeringa de su brazo e intento concentrarme en cada uno de los movimientos que hizo el doctor Tonra.
—Tranquila pequeña, está bien —dice para darme ánimos y de alguna forma lo consigue, aquello es suficiente para estabilizar mi pulso.
Intento imitar incluso el ángulo con que él lo hizo, y sé que esta vez le ha dolido menos, o ha controlado con más seguridad el dolor, lo que sea. El problema es que nuevamente no hay sangre que llene las muestras.
—Sácala de nuevo —indica mordiéndose los carrillos una vez más, como siga así se queda sin mejillas.
No puedo hacerlo, no entiendo que hago mal... Mierda.
—Soy una idiota —agrego recordando que debo abrir la mariposa de la jeringa.
En cuanto realizo la acción, su sangre comienza a llenar los tubos y en silencio intento cambiar con tanta eficiencia como puedo el material para que tenga las muestras que necesita.
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Cautiva
Fiksi RemajaEl frío distrito universitario de Cambridge es el único hogar que Lepbinia Miller conoce, criada por dos padres preocupados, tres hermanos hermosos y una vida llena de amor, esta chica universitaria no sabe los múltiples caminos a los que la vida pu...
