Epílogo

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Gritos por parte de mi familia y de mi mejor amigo se oyen en la sala, una enorme sonrisa aparece en mi rostro, pues es mi nombre el que el director de ceremonias nombra.

—Felicidades —el hombre estrecha mi mano y camino hacia el estrado.

Recibo el diploma que tiene mi nombre en altas e indica mi primer lugar en la competencia.

—¿Qué tienes que decir? —me peguntan.

—Me siento muy agradecida por la oportunidad que me brindó mi profesor, el entusiasmo de mi familia, y a mi compañero de laboratorio que estuvo siempre conmigo.

Mi familia aplaude estruendosamente y no puedo contener mi llanto lleno de alegría.

Después de la ceremonia, camino hacia mis padres que están completamente sonrientes, y me reciben en sus brazos.

—Estamos muy orgullosos de ti, cariño —vuelvo a abrazarlos.

—¿Quién iba a decir que iba a ganar cinco mil dólares, eh? —asienten felices.

—Pequeña niñata, ven aquí y dame un abrazo —pide Alan.

Sus brazos se sienten tan reconfortantes que no me quiero separar de él.

—Estoy muy orgulloso, sabía que lo lograrías...

—Cuando nombraron tercer y segundo lugar, creí que había perdido toda oportunidad, pero casi vomito al escuchar mi nombre.

—Yo vomité... —golpeo su pecho y rio feliz.

—Idiota.

—Por cierto —aclara su garganta y me separa un poco de mis padres—, hay alguien que quiere verte...

—¿Quién?

—Felicidades, guapa —Adam está a nuestro lado sosteniendo un enorme ramo de rosas y una bolsa rosada de regalo.

—¡Adam!, no tenías que molestarte... —camino hacia él y beso castamente sus labios.

—Hoy cumplimos un mes, también era la perfecta excusa para el detalle...

—Eres el mejor —cargo el ramo.

—Vi... —me llama Alan.

—¿Qué pasa? —me desprendo de Adam.

—¿Adam, quieres dejarnos un momentos solos?

—¿Qué pasa? —pregunta consternado.

—Felicidades, Victoria...

Todos volteamos violentamente a la persona que me ha felicitado.

Por unos segundos todo se congela, me quedo petrificada viendo a Joe caminar hacia mi con un ramo de orquídeas y un traje que hace que mi corazón lata con impotencia.

—Creo que... —interrumpe Alan detrás de mí, pero no me molesto en voltearlo a ver.

—¿Pueden dejarnos un momento solos? —pide Joe firme, como siempre.

—Me quedo contigo, Vi —dice Adam.

—No es necesaria tu compañía —Joe lo reta.

—Adam... ¿puedes darme unos minutos?

—¿Estás segura, amor? —marca la última palabra con más fuerza de la necesaria.

Asiento, le doy el ramo y el regalo y observo como se aleja.

Eres hermosa para míDonde viven las historias. Descúbrelo ahora