Libro 2. Segundas Oportunidades.
Se enamoraron sin querer. Sabían que sería difícil. Sabían que sus familias nunca lo aceptarían.
Ella, 19 años. Él, 27. No es un abismo, ¿Qué son ocho años? Pero eran etapas diferentes y si le sumamos un océano d...
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Malibu-Miley Cyrus
Cuando despertó el lunes por la mañana, se sentía muchísimo mejor. Hablar con Alexa definitivamente había sido una buena idea, se sentía más ligera y tenía la determinación de no dejarse caer por esa situación de nuevo. Ya no estaba con él, no tenía ningún poder sobre ella.
Su casa estaba inusualmente silenciosa, si bien su padre debía estar en la empresa, su madre al estar de vacaciones, pues era maestra de educación primaria, solía revolotear alrededor junto a su abuela; cambiando la decoración o haciendo alguna manualidad en la sala, acompañadas de música de los 80's. Siempre intentaban que se uniera a ellas pero no era lo suyo, así que a veces solía hacerles compañía nada más, aunque después de los sucedido con la decisión de Valeria, huía de allí.
—Buenos días, nana—saludó a esa mujer que trabaja en su casa desde que su hermana era muy pequeña, creció con ella y prácticamente la consideraba una más de la familia—. ¿Dónde están mi abuela y mamá? Está todo muy silencioso.
—Mi niña, que bueno que decidiste bajar. Ya me estabas preocupando, Teff—dice Nidia, mirándola con aprehensión—. Y tu abuela salió a hacer unas compras, tu madre se fue con tu papá, supongo que a la empresa.
—Estoy bien, nana. No te preocupes... y tomaré un baño, después iré a casa de Ale, quedamos en llevar a Mel por un helado, le debemos una noche de chicas.
—Tienen mal consentida a esa niña—se queja con diversión, haciendo que rodara los ojos.
—¿No te mordiste la lengua? —Replica Teffie riendo.
No era secreto que todos le rendían pleitesía a Melanie. Lo cierto es que, aunque es un amor de niña, también era muy mimada y la palabra no, no estaba en su vocabulario. Después de creer que había perdido a su madre, todos intentaron compensarlo de alguna manera y le daban todo a manos llenas. Ahora que Valeria había vuelto y que se hacía mayor, tenían que comenzar a ponerle límites o tendrían serios problemas en el futuro.
Tomó un baño y cuando salió, tenía un mensaje de Iker. Sonrió feliz, dispuesta a contestarle esta vez, a dejar de evadirlo.
"Buen día, espero que estés mejor... te aseguro que hoy, tendrás un día muy especial."
¿Día especial? No entendió si lo decía literal o como si le deseara un bonito día.
"Buen día! Me siento mucho mejor. Y gracias?" Escribió al chico.
Este no le respondió enseguida, pero tampoco se preocupó pues seguramente estaba trabajando. Así solía ser siempre, se contestaban cuando podían, por eso siempre que había oportunidad y tenían tiempo, preferirían el FaceTime. Realmente lo extrañaba y no solo porque no había hablado con él en los últimos días, sino su presencia, su esencia... sus brazos rodeándola. Se asustaba en ocasiones de sus propios pensamientos pero era tan difícil no recordar ese último día, cuando la abrazó al despedirse. Se sintió bien, querida, protegida...