Libro 2. Segundas Oportunidades.
Se enamoraron sin querer. Sabían que sería difícil. Sabían que sus familias nunca lo aceptarían.
Ella, 19 años. Él, 27. No es un abismo, ¿Qué son ocho años? Pero eran etapas diferentes y si le sumamos un océano d...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Fire on Fire-Sam Smith
Valeria y Alexa se miraron, indecisas si dejarlos a solas. Ninguna creía que el parque sea el mejor lugar para el encuentro, pero había sucedido y ya no podían hacer nada. Fue un descuido, uno la lamentable pero que inevitablemente sucedió.
El semblante de Estefanía cambió en el momento que decidió que era momento de enfrentarlo, de buscar las respuestas a todas aquellas preguntas que la embargaban. Necesitaba sacar de su pecho todo eso que quería decirle a Iker desde que la abandonó.
—Yo...—comenzó Iker, sin saber por dónde comenzar.
—No creo que este sea el lugar adecuado para que hablen, ¿por qué no van a tu casa Iker? O si no quieres ir, Teffie, pueden ir a la mía...—ofrece Valeria, no queriendo que dieran un espectáculo, pues varias mamás ya los veían con curiosidad. Era indudable la tensión que emanaban. Lo último que necesitaban, eran personas metiches. Suficiente complicada era la situación por sí sola.
—Val tiene razón, vamos a la casa... hablemos, por favor—suplicó Iker, sintiendo que esa era la oportunidad que tanto había esperado. No era como planeaba explicárselo todo, ni de cerca, pero era lo que tenían.
Indecisa, Estefanía se mordió el labio con ansiedad. No estaba segura que tan lista estaba para estar a solas con él, a pesar de su resolución anterior, pero sabía era ahora o nunca.
Asintió, sin decir más. Debía juntar todo el coraje para no derrumbarse frente a él, para sacar todo y cerrar ese capítulo de su vida. Tenía la idea que al verlo, obtendría la respuesta a la batalla que su mente y corazón libraban. Pero lo cierto, es que estaba más confundida que nunca.
—Estaremos aquí...—aseguró Val, apretando el hombro de la chica, demostrándole apoyo.
—Vamos, pequeña—apremió Iker, sin pensar, dejando salir ese cariñoso apelativo con el cual solía llamarla en sus tiempos más felices.
—No me llames así—espetó, con voz dura, sintiendo como la ira y decepción que la consumieron cuando la abandonó, inundaba sus venas.
La esperanza que Iker iba creándose, cayó como cartas de póker sin un buen cimiento. No se lo pondría fácil, no lo perdonaría. El miedo y la impotencia lo embargaron, no sabía que haría si ella nunca lo perdonaba, si no le dada la daba la oportunidad de volver a ella.
El chico asintió, sonriendo con tristeza. Se lo merecía, esas eran las consecuencias de sus actos.
Se alejaron bajo la preocupada mirada de las chicas, quienes ya no estaban seguras de que tan bueno era dejarlos a solas. Sentían demasiada aprehensión hacía Estefanía, hacia su estado emocional, lo último que querían, era que esto le afectara ahora que iba recuperándose.
La casa estaba justo cruzando la calle, por lo que no les tocó caminar demasiado tiempo, aunque no ayudó ni un poco a la ansiedad que la joven iba sintiendo cada minuto. El chico por su lado, la observaba de reojo, sintiendo impotencia al tenerla tan cerca y no poder estrecharla en sus brazos. Ni siquiera sabía que decir para diluir esa tensión e incomodidad que iba agrandándose entre ellos.