Libro 2. Segundas Oportunidades.
Se enamoraron sin querer. Sabían que sería difícil. Sabían que sus familias nunca lo aceptarían.
Ella, 19 años. Él, 27. No es un abismo, ¿Qué son ocho años? Pero eran etapas diferentes y si le sumamos un océano d...
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No promises- Cheat Codes ft Demi Lovato
"Tuve que ir a la oficina un par de horas, te veo en la comida, pequeña". Leyó Estefanía cuando terminó de ducharse. Suspiró sin remedio, aún asombrada con lo ocurrido en las últimas 24 horas. De estar en el infierno, pasó al cielo. Negó sonriendo, debía ir a ver como seguía su hermana.
—¿Puedo pasar? —Preguntó, después de tocar.
—Adelante, peque...—dice Damián, quien estaba sentado junto a su esposa en la cama mientras esta dormía.
—¿Cómo sigue?
—Mejor, se comió una manzana y no ha devuelto el estómago, se quedó dormida hace unos minutos—explica sonriendo, recordando como Val se había quedado profunda mientras le contaba sobre la última travesura de esa pequeña revoltosa que era la luz de sus ojos.
—Qué bueno, seguro no durmió bien anoche—se sentía un tanto culpable por ser la razón de los desvelos de su hermana pero inevitable.
—Ninguno lo hicimos, Mel vino en algún punto de la madrugada y ya sabes que con ella no se puede dormir bien, se mueve como un pequeño gusano toda la noche y ya no es esa bebé sin fuerza, creo que tengo un moretón en el brazo debido a sus patadas—cuenta con exageración, haciendo reír a su cuñada.
—Pobre mi princesa, que no te escuche o se ofende—Damián asiente de acuerdo, su hija se ofendía cuando le reclamaban por moverse mucho y no dejarlos dormir.
—Ni que lo digas, es una gruñona, ¿puedes creer que tuvimos que darle un caramelo para que dejara que la vistiéramos? Estaba de muy mal humor esta mañana, ojala no le haga drama a la señora Katherine. En fin, ¿tú como estas, peque? —Averiguó, pues seguía pareciéndole increíble verla tan tranquila después de lo sucedido.
—Bien, en serio, no tienen nada de qué preocuparse... digo, me afectó mucho lo sucedido ayer pero creo que es algo que debió suceder para ponerle un alto finalmente, ahora si no quiero saber más nada de él—aseguró, sentándose en el sillón de la habitación, pensaba quedarse un rato con ellos, no quería estar sola.
—Oh lo lamento, no quería despertarte—dice apenada.
—No te preocupes, tampoco estaba profundamente dormida—indica incorporándose, bajó la divertida mirada de Damián.
—¿En serio? Te hablé veinte veces, te moví e incluso te acomode sobre la almohada y no despertabas—aclara su esposo, ganándose una mirada envenenada—. Bien, no dije nada—replica, levantando las manos con rendición, haciendo reír a la pequeña.
—Puedo irme si quieres seguir durmiendo...—pero enseguida la mayor la interrumpe.
—No, no está bien. Además, tengo hambre, ¿Podrías tráeme otra manzana y un jugo de naranja, por favor? —Pide a su esposo y este asiente encantado, dejando un beso en su frente antes de salir de la habitación. Estaba notablemente mejor, eso le tranquilizaba, no le gustaba verla decaída aún si era debido al embarazo. Sonrió emocionado, Dios, serían padres de nuevo, nada podía ser mejor que eso.