Cap. 10

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Estaba caminando en círculos, ya había pasado demasiado tiempo y Camille no aparecía, no estaba por ningún lado. Le había dejado al menos 15 llamadas perdidas y le había mandado incontables mensajes y ella seguía sin aparecer. Se sentía explotar. Camille no era de ese tipo de chicas que solo dejaba de contestarle el teléfono a su molesto hermano mayor… ella no era así, jamás lo había sido.

Entonces llamó a Denise, desesperado y con temor de haber perdido la única familia que le quedaba… Necesitaba que estuviera bien, a su lado y a salvo. Los policías no tardaron ni 20 minutos en estar en la puerta de su casa y hacerle preguntas sobre su hermana. Denise tardó un poco más en llegar pero al hacerlo llevaba su cara de sheriff. Esa misma expresión que hacía que todos se sintieran en calma, como si ella lo tuviera todo bajo control. Pero entonces lo miró y su mirada cambió a una de preocupación, pena y más que nada… compasión.

-          Daniel. – Oh no, Daniel sintió como su corazón se detenía, ese tono de voz… el mismo tono que habían usado para decirle que sus padres habían muerto en aquel accidente de auto. – Tenemos que hablar.

-          ¿Está muerta? – Denise lo miró sorprendida e inmediatamente negó con la cabeza.

-          No la hemos encontrado. – Daniel sintió como un peso se quitaba de sus hombros. – Lo que quería decirte es que necesito que hagas un perfil lo más acertado posible sobre el secuestrador de Sofía. – Daniel la miró curioso y luego se sintió frustrado.

-          Sé que quieres atraparlo, pero Sofía está bien y a salvo, mi hermana, por otro lado, no…. Necesito que encuentres a mi hermana, Denise, lo necesito. – Denise se mordió el labio inferior, estaba nerviosa… Daniel la miró unos segundos, leyendo su lenguaje corporal. – Tienes que estar bromeando. – Su corazón volvía a sentirse oprimido.

-          Salió hoy en las noticias otra vez, todo el mundo lo sabe.  – Daniel se dejó caer y miró con los ojos perdidos a la nada. – Creemos que es posible que te haya investigado con la esperanza de llegar a Sofía… pero en el camino…

-          Se topó con mi hermana… - Su voz se quebró y por un instante volvió a sentirse solo, abandonado y unas cuantas lágrimas escaparon su rostro. Denise lo miraba apenada. – Es mi culpa.

-          Oh Daniel. – Denise se dejó caer en frente del hombre. – Por supuesto que no es tu culpa, tú estabas tratando de ayudar a la pobre Sofía.

-          Es mi culpa, se la llevaron por mi… - Daniel sentía como lágrimas bajaban por sus mejillas sin poderlas detener. – Es mi hermana y se la llevaron por mi culpa.

-          Daniel, es solo una suposición no estamos seguros de eso…

-          Haré el perfil, lo mejor que pueda. – Daniel se levantó y limpió su rostro con la manga de su suéter que era una talla demasiado grande.

-          ¿Vas a dar una declaración pública? – Preguntó Denise.

-          No, no hasta que sepa cómo tratar a ese enfermo. – Miró por la ventana, y en ese mismo instante su teléfono sonó. Era una llamada de la sala de emergencias del hospital. 

El Síndrome de Estocolmo.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora