Epílogo

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Camille iba caminando por los pasillos del hospital, se sentía cansada, no había dormido mucho en las últimas semanas. Siempre que cerraba veía la sangre de su hermano escapándose entre sus dedos. Cuando todo estaba en silencio escuchaba su propia voz diciéndole “estás sola… ya no tienes familia”. Negó con la cabeza y apretó un poco más las dos tazas de café que llevaba con ella. Sentado en la sala de espera estaba Mark, tenía moretes en el rostro, dolía solo de verlos pero por fin estaban comenzando a desaparecer.

-          Aquí tienes. – Mark tomó la taza y le dedicó una sonrisa.

-          Gracias, linda. – Camille le sonrió y se sentó a su lado. Esperaron. Mark apoyó su cabeza en el hombro de Camille y cerró los ojos.

Era curioso, como antes de que todo eso sucediera, antes del regreso de Sofía, Mark y Camille habían sido cercanos como hermanos. Cuando Camille había regresado de su encierro… nadie la podía tocar, se asustaba, lloraba, daba gritos. Daniel había cambiado eso y posteriormente Mark, que siempre preguntaba si estaba bien tomarle la mano, recostarse, saludarla con u beso en las mejillas. Camille quería regresar a la normalidad, quería que todo volviera a ser como antes.

Pensó en Sofía. Su antes era el antes de una niña de ocho años. Sofía era una mujer ahora y no tenía idea de lo que la esperaba fuera del Centro. Mark y Camille le estaban dando clases, enseñándole algunas cosas básicas y útiles. Sofía era una buena estudiante, pero de vez en cuando tenía esas pesadillas sobre un lobo negro que la atacaba y la mordía y destrozaba. Mark se estaba ocupando de esos sueños… en la ausencia de Daniel… o algo así.

Denise entró al hospital y los saludó a la distancia. Inmediatamente una sonrisa se dibujó en el rostro de Mark y Camille no pudo evitar sonreír, se veían lindos juntos y posiblemente fueran lo único bueno que había resultado de todo eso.

-          ¿Aún nada? – Camille negó con la cabeza y vio cómo su interlocutora tomaba la mano de Mark entre las de ella. - ¿Cuánto tiempo llevan aquí?

-          Dos horas. – Contestó Mark y cerró los ojos un minuto, dejando que su cabeza chocara contra la pared. – Estuve hablando con los padres de Sofía. Isabel quiere llevarla a su casa y llevarla diariamente a terapia.

-          ¿Crees que sea una buena idea?

-          ¿Realmente importa lo que yo piense? Alguien más ha dicho que sería una buena idea. – Sonrió y en ese preciso instante la puerta frente a ellos se abrió. Camille fue la primera en ponerse de pie.

-          Tranquila, hermana, estoy curándome, no soy un completo inútil. – Y como cada vez que escuchaba su voz y lo veía sonreír, Camille quiso llorar.

-          Deberías de dejarte cuidar un poco más. – Se escuchó decir sin quitar la mirada de su hermano. Aún llevaba  unas vendas bajo la camisa, la herida había sido profunda pero se estaba recuperando bien. - ¿Por qué tardaste tanto?

-          La doctora y yo nos pusimos hablar, teníamos tiempo de no hablar de algo que no fueran mis síntomas. – Daniel le sonrió y saludó a Denise y a Mark con la cabeza. – Hermano… ¿No deberías estar en una cita?

-          Si… pero no iba a dejar a tu hermana sola, esperando a ver que noticias traías.

-          Ustedes lo exageran todo, estoy bien. – Pero n era verdad, Camille podía ver la forma en que se encogía de dolor cuando se agachaba o sentaba, lo había escuchado quejarse por las noches, lo había visto sosteniéndose el costado y tratando de quedarse tan recto como le fuera posible. Camille también había visto la herida, pequeña, con todo el contorno pintado de colores rojos y morados y amarillos e incluso verdes.

-          Nos gusta cuidarte. – Le había dicho Mark y lo había abrazado con cuidado, Mark también lo notaba.

-          Gracias. – Camille lo tomó del brazo y comenzó a caminar, hablando de las flores que había plantado en el patio y del color del que quería pintar su cuarto.

Las cosas no estaban bien, Camille podía ver eso, Mark también lo notaba y Daniel lo sentía; pero, iban mejorando, lento… pero lo iban haciendo. Camille se preguntaba si algún día estarían “bien” o si se quedarían en “mejor”. Vio como Denise y Mark se reían y caminaban con las manos entrelazadas.

-          Vamos a estar bien.

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Y ahora sí... me despido por completo de esta historia. Fue un viaje interesante. 

El Síndrome de Estocolmo.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora