Cap. 25

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June estaba pintando viendo al jardín, unas hermosas flores en una vieja colina. Hacía mucho tiempo que Daniel le había comprado su primer kit de pintura: un cuaderno en blanco y 12 colores. Desde entonces le había comprado lienzos, yesos de colores, acuarelas, temperas, todo tipo de pinturas y demás artefactos para pintar. Le hacía bien, concentrarse en el arte la hacía bloquear las voces en su cabeza, incluso cuando olvidaba tomar su medicina, que era casi nunca porque las enfermeras siempre le recordaban.

Respiró profundo, observando el cielo azul claro que le sonreía por la ventana. Fue entonces cuando vio como Sofía caminaba hacia ella, sonrojada y jugando con la manga de su camisa. Al estar una frente a la otra, la mayor tomó sus pinceles y continuó pintando hasta que la más joven se sintiera lista para comenzar a hablar.

-          Estaba viendo las noticias. – Fue lo primero que dijo la más joven y June solo asintió, invitándola a seguir hablando. – Estaban sacando una noticia sobre la desaparición de la hermana del doctor Daniel.

-          Triste noticia, no deberías de ver cosas tan tristes, no es sano. – La voz de June sonaba interesada en la conversación, aun cuando su mirada seguía pegada a su lienzo que estaba tomando forma.

-          Yo… yo solo me preguntaba si podrías ayudarme. – Entonces June si despegó los ojos de su obra, miró a la niña, curiosa.

-          ¿En qué puedo ayudarte?

-          Me gustaría hacerle una pintura a Daniel, una pintura de su hermana.- June le dedicó una sonrisa enternecida. – Solo necesito pintura y un lienzo.

-          Tengo todo lo que necesitas justo aquí.

Esa tarde se la pasaron pintando en silencio, no había muchas cosas de las que hablar o que valiera la pena mencionar. June sabía cómo el arte podía transformarse en una cura para muchos males, una vez Daniel le había explicado que al pintar dejaba una parte de su inconsciente para que los demás pudieran verla e interpretarla como quisieran, sin siquiera darse cuenta de que lo que estaban viendo era algo secreto que vivía dentro del artista.

La hora de la cena también pasó en un agradable silencio, ninguna de las dos diciendo nada. Vieron a Daniel comiendo y charlando con algunos otros de los pacientes, sin sonreír pero asintiendo amablemente a todo lo que le decían. Matt no estaba en ningún lugar para ser visto. De hecho, si June lo pensaba no lo había visto desde el ataque de Sofía. No supo en qué momento la muchacha se había levantado, pero en cuestión de segundos ya no estaba y no pudo encontrarla.

A la mañana siguiente la encontró sentada en una banca del jardín, una enfermera estaba cerca de ella, cuidándola, la muchacha pintaba con mucho esmero, tenía bolsas bajo los ojos, parecía que no había dormido, se veía concentrada y como si hubiese cerrado las puertas de su propio mundo. Se acercó y vio el dibujo con una sonrisa, estaba casi terminado, Sofía se había desvelado para poderlo terminar. Parecía el mejor dibujo de una niña de siete años, pero podía notar que se había esforzado en darle forma a Camille, June se había encargado de conseguirle una foto de la hermana del doctor en internet, y ahora ahí estaba, una versión caricaturesca de ella, sonriéndole con todos los dientes. Estaba hermoso.

-          Al Dr. D le va a encantar. – Sofía levantó la mirada, estaba tan sorprendida.

-          ¿Lo crees? – June asintió con una sonrisa y vio como la niña comenzaba a sonrojarse. – Se lo quiero dar hoy.

-          Entonces será mejor que te apresures, escuche que existe la posibilidad de que el doctor se vaya al hospital esta noche.

-          Tengo que terminarlo pronto. – Sofía volvió a concentrarse en su pintura y June la dejó ser.

Antes de la cena el cuadro estaba terminado. June acompañó a Sofía a entregarlo. La oficina de Daniel estaba al final de un pasillo completamente blanco, el único color que había era el de las fotografías, June había escuchado que eran de todos aquellos que habían entrado alguna vez a la casa, como pacientes, claro. Una llamó su atención, en ella estaban dos personas, una junto a la otra. Sonrió y detuvo a Sofía con delicadeza, señalándole la foto. Ahí estaban ellas dos, dibujando y pintando, Daniel trabajaba rápido consiguiendo esas fotos. Sofía se acercó al marco, como si nunca hubiese visto uno, colocó la pintura en el suelo y, con delicados dedos, tocó su figura, parecía asombrada de ver lo que estaba justo frente a ella.

-          ¿Está soy yo?

-          Esa eres tú.

Sofía sonrió y tomó el cuadro de nuevo, comenzó a caminar hacía la oficina del doctor. Cuando este les abrió la puerta, June se sorprendió al ver que no estaba solo, Denisse Andrade y el doctor Matt también estaban ahí. Ambos enfrascados en una conversación muy acalorada frente a un mapa. Daniel negó con la cabeza, tratando de calmar a June.

-          ¿A qué debo su visita a estas horas? – Preguntó amablemente y June le señaló con la cabeza a la joven.

-          La señorita aquí presente tiene algo para ti. – Daniel volteó a ver a Sofía con una sonrisa y la niña se sonrojó levemente, extendiendo sus brazos y enseñando el paquete envuelto en papel de color café, June había convencido a uno de los enfermeros para que lo envolviera.

-          ¿Es para mí? – Sofía asintió y sus mejillas se tiñeron de un rojo más notable. - ¿Puedo abrirlo? – Volvió a asentir y el doctor comenzó a desenvolver.

Al terminarlo de desenvolver levantó la mirada sorprendido, frente a él estaba un retrato de su hermana, no era perfecto, pero era realmente bueno, Camille le sonreía con el viento soplando su cabello, June seguramente había conseguido una fotografía de su hermana. Matt y Denise caminaron y se pusieron a su espalda, ambos susurrándose cosas y viendo el cuadro.

-          Es perfecto. Muchas gracias, Sofía. – Sofía sonrió orgullosa de sí misma al ver la cara de felicidad de Daniel.

-          Pensé que como pasas todo el tiempo preocupado por ella te serviría verla sonreír.

-          Realmente ayuda, gracias. – Daniel caminó hasta atrás de su escritorio donde colgaba una vieja pintura de una casa y cambió el cuadro por el que Sofía había hecho.

En el resto de la oficina habían diferentes dibujos y cuadros que otros pacientes habían hecho, incluso algunos de los que June había pintado en los peores momentos de su enfermedad. Ambas mujeres sonrieron y se despidieron, había que cenar después de todo.

Daniel observó la pintura unos segundos más, con una sonrisa en el rostro, June claramente había ayudado a Sofía pero el estilo del pincel gritaba por todos lados que era algo que no había hecho un profesional, era obvio que una niña pequeña había jugado con las pinturas de alguien. Denisse removía papeles en la mesa que habían arreglado para esa reunión y Matt escribía velozmente en su computadora. Ese silencio ruidoso siguió por unos momentos hasta que un suspiro de alivio llamó su atención, Denise estaba sonriendo.

-          Sé dónde mantenían a Sofía. – Ambos hombres la miraron sorprendidos. 

El Síndrome de Estocolmo.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora