Cap. 19

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Daniel estaba terminando de coordinar el movimiento con la ambulancia, afuera del hospital era un desastre. Jamás había visto tantos fotógrafos reunidos en un solo lugar.

Tenía que sacar a Sofía de ese lugar y llevarla lo más rápido posible al centro de retiro o todo el mundo comenzaría a sospechar y la irían a buscar ahí antes de haber llegado y estar parcialmente a salvo. ¿Cuándo su vida se había transformado en una extraña versión de alguna película en la que tenía que huir de un hospital? Suspiró, se sentía cansado, extrañaba a su hermana y sentía su corazón latir con fuerza cada vez que pensaba en ella. Pero un perfil era lo que Denise Andrade le había pedido y eso es lo que tenía que hacer. Para eso necesitaba que Sofía se abriera… se abriera lo más pronto posible, el tiempo podría estarse acabando.

Se sentó, apoyó los brazos sobre la mesa y se recostó sobre ellos, tenía tanto sueño, tanto sueño. Habían pasado ya tres noches desde que su hermana había desaparecido y estaba seguro de que solo había dormido un par de horas en todo ese tiempo. Un sueño inducido por un sedante que Melissa había puesto en su agua sin decirle, tenía que hablar con ella al respecto.

Desde pequeños, Camille siempre había estado a su lado en momentos estresantes, como cuando la pequeña tenía seis años y se había mantenido despierta escuchándolo leer para sus exámenes finales. O cuando lo ayudó a practicar como pedirle una cita a aquella muchacha linda en secundaria. Incluso cuando sus padres habían muerto, durante la mayor parte del tiempo él había sido el hermano mayor y responsable, al caer la noche, ella había tomado su puesto como la fuerte de la familia y lo había dejado llorar hasta quedar dormido.

Camille era su mejor amiga. Tenía que encontrar a esos bastardos por ella, por ella y por Sofía.

En ese momento la puerta del baño se abrió, levantó la mirada y se encontró con una mujer joven y hermosa, casi no la reconocía, con el cabello peinado en una cola alta, usaba jeans y una camiseta vieja, seguramente pertenecía a uno de los hijos de Melissa.

Al hablar con los padres de Sofía, habían llegado a la conclusión de que lo mejor que podían hacer era llevarla en secreto, disfrazada y con la esperanza de que nadie la reconociera. La sacarían en una ambulancia que saldría con luces y sirena a todo volumen, esperando que la gente pensara que había algún tipo de emergencia.

-          Estas cansado. – Fue lo que le dijo la suave voz de la mujer. - ¿Es mi culpa?

-          No. – Se escuchó contestar sin pensarlo. – Mi hermana está metida en problemas.

-          ¿Problemas?

-          Está en la misma situación en la que estabas tú antes de despertar en este hospital.

-          Oh. – Sofía bajó el rostro y miró nerviosa el suelo, concentrándose en los tenis que cubrían sus pies. – Sé que piensas que fue horrible y que sufrí mucho. La verdad es que no era tan malo. Me daban regalos, me hacía reír… y todo lo que hacía conmigo… era porque yo lo merecía o una muestra de su amor. No me arrepiento de nada, era amable conmigo, tan dulce, y la forma en la que me demostraba su amor es la única que conozco. Tú te sorprendes y aterras cada vez que hablo de ello, pareciera que conoces una mejor forma de amar… para mi esa es la única y quizá… si tiene suerte, tu hermana lo está viviendo también. Deberías de estar contento… ese amor es maravilloso.

Daniel volvía a sentir que vomitaba, era horrible todo lo que esa pequeña niña había aprendido, lo confundida que estaba, la seguridad con la que decía lo que creía correcto. Un pensamiento pasó por su mente y se sintió vomitar otra vez. Su hermana podía regresar pensando eso, la pequeña Cami podía volver y pensar que ser golpeada, mordida y violada día y noche era lo correcto y solo demostraba cuanto una persona te amaba y necesitaba.

Melissa entró y les sonrió con cariño a ambos.

-          Estamos listos para partir. – Sofía le sonrió a la enfermera.

-          ¿Vienes con nosotros?

-          Por supuesto, cariño, no iba a dejar que te fueras sin mí. El hospital me manda para asegurarme de que tengas todo lo que necesitas.

-          ¿Te quedaras conmigo? – La inocencia infantil que inunda el tono de voz de Sofía hacía que Daniel se estremeciera, a veces era fácil olvidar que dentro de esa apariencia de mujer fuerte se encontraba una asustada niña.

-          Solo por un tiempo, en lo que te acomodas. – Melissa le sonrió a Daniel cuando este le agradecía con la mirada, en silencio, el apoyo de la enfermera.

Los tres bajaron al parqueo interno del hospital, un área reservada para ambulancias, doctores y enfermeras. Subieron a la ambulancia que estaba vigilada y está comenzó a moverse. Pasaron los fotógrafos sin ningún problema. Iban directo a la casa de retiros de Daniel.

Los Valderrama subieron al auto negro con los vidrios blindados y salieron del estacionamiento del hospital. Inmediatamente muchos fotógrafos los siguieron, por alrededor de 20 minutos, hasta que alguien se dio cuenta de que en el auto no iba Sofía. Entonces se desviaron y se encaminaron a la dirección que habían conseguido, la casa de retiro.

El Síndrome de Estocolmo.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora