Capítulo 13.

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Narra Pablo.

Me despierto y veo que son las nueve de la mañana, me meto en la ducha y al salir escucho ruido en la habitación de al lado, la de Valeria.

Paso por el pasillo, tiene la puerta abierta y puedo ver como está recogiendo sus cosas, se va...

¡Pablo, eres un imbécil! Mi subconsciente tiene razón, debí haberla dicho que se quedara. Aunque no tengo culpa de que sea así de orgullosa, la cuesta decirme lo que le pasa, lo que siente, todo... Y lo peor de todo es que piensa que sólo quiero pasar el tiempo con ella por el sexo.

He de reconocer que al principio sí era así porque creía que sólo teníamos una atracción, pero ahora no es así... Aunque esto me vaya a traer problemas, me está empezando a gustar.

Pablo: ¿Puedo hablar contigo? -le digo desde el umbral de la puerta-

Valeria: No tenemos nada de que hablar -sigue metiendo su ropa en la maleta- Ayer ya nos dijimos todo lo que nos teníamos que decir.

Entro en la habitación y me acerco a ella.

Cojo su brazo, pero no me mira.

Pablo: Por favor, no te vayas... -levanta la mirada-

Valeria: No te preocupes, encontrarás a otra que caliente tu cama -se suelta de mi agarre-

¿En serio cree que quiero que se quede por tener sexo? No lo puedo creer...

No puedo decirla que quiero que se quede porque quiero tenerla conmigo, no me creerá, ya me lo demostró anoche.

A si que ignoro su comentario.

Pablo: Los niños te adoran... -ignoro su comentario de antes- Ellos no tienen la culpa de nada.

También lo hago por los niños, pero necesito tenerla a mi lado.

Narra Valeria.

Sus palabras me hacen pensar. En realidad tiene razón, los niños no tienen la culpa de nuestros problemas.

He sido una tonta pensando que quería que me quedase por él, para estar conmigo, está claro que he sido una más en su cama. Y eso no debería importarme, pero no sé que me pasa que sí lo hace.

Valeria: Está bien, me quedaré por ellos, tienes razón, no tienen la culpa de nada -sonríe-

Saco de donde puedo una sonrisa forzada y deshago las maletas que ya había hecho.

Pablo: Déjame que te ayudo -se acerca a mí e intenta coger las cosas de la maleta-

Valeria: No hace falta, Pablo -le digo fría sin mirarlo-

Pablo: Valeria... -hace que le mire- Perdóname por lo de ayer, te grité y estuve fatal.

Valeria: Da igual, no le des más vueltas.

Pablo: No, sí que importa. Me enfadé y te grité, y eso es algo que no debería haber hecho, pero... -se acerca aún más a mí- No podía soportar la idea de no tenerte cerca -acaricia mi mejilla-

Valeria: Pablo... -me corta-

Pablo: Sí, ya sé que no te crees nada de lo que te dije ayer, pero es la verdad. Valeria, estás muy herida y créeme si te digo que no soy como el resto de hombres.

Por un momento puedo ver la verdad en sus ojos, no me está mintiendo. Pero, sé que volveré a salir herida y no quiero eso.

Valeria: De verdad, no te entiendo.

La Escalera.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora