capitulo 7

32.7K 1.5K 238
                                        



Desperté en un lugar extraño, envuelta nuevamente en una fría blancura. Pero esta vez no estaba sola en ese vacío silencioso. El olor a antiséptico impregnaba el aire y un zumbido monótono de máquinas me rodeaba. Parpadeé varias veces, intentando enfocar la vista, y reconocí la habitación de un hospital: paredes blancas, la tenue luz que entraba por la ventana y voces lejanas, suaves y tranquilizadoras.

Sentí una mano cálida y suave rozando la mía. Abrí los ojos del todo para encontrar el rostro familiar de mi nana, con sus ojos llenos de lágrimas y preocupación.

—Mery, mi niña —susurró con ternura, acariciando mis manos—. Estuviste siete días en estado vegetal... Pensé que te habías ido para siempre.

Su voz se quebró, y lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas. Bajó la mirada hacia mí, y pude ver en ella la tristeza profunda de cómo me habían dejado.

—Nana... —tomé su rostro con suavidad, esbozando una pequeña sonrisa—. No llores, por favor. Me duele verte así.

Me incorporé con esfuerzo, sentándome en la cama. El dolor punzante en mi espalda y costados me recordó la gravedad de lo que había pasado, pero la presencia de nana me daba fuerza para seguir.

Me levanté y empecé a dar unos pasos temblorosos, como bailando para intentar aliviar la tensión.

—Mira, nana —le dije, intentando contagiarle un poco de alegría—. Estoy bien, solo tengo algunos golpes que pronto desaparecerán. No te preocupes.

Tomé sus manos entre las mías y la miré con determinación.

—Nana, deja de llorar. Necesito que sonrías.

Ella secó sus lágrimas, se levantó y me entregó una bolsa con cuidado.

—Feliz cumpleaños, mi niña —dijo con una sonrisa tímida.

La abrí y saqué un vestido que me hizo sonreír de inmediato. Era sencillo pero precioso, con un estampado de flores delicadas, como un símbolo de renacer.

—Gracias, nana —respondí, abrazándola con fuerza—. Quiero que, aunque sea por un momento, me permitas ser una chica normal.

Me sostuvo el rostro con ambas manos, mirándome a los ojos con un brillo especial.

—Estamos solas —me dijo—. Tu tía no está, así que hoy iremos al cine, como hacen las amigas.

Reí y bromeé.

—¿En serio, nana? Pero tú serías una amiga bastante viejita —le dije riendo, mientras ella me guiñaba un ojo—. Pero me gusta la idea.

Nos sentamos juntas y por un momento el mundo pareció detenerse, pero yo sabía que en mi interior aún quedaba un tormento que debía sacar a la luz. Sentí la necesidad de hablar, de soltar esa carga que me consumía.

—Nana —empecé con voz temblorosa—, quiero que sepas lo horrible que es Mathew. No es solo un hombre que me lastimó físicamente... es algo más profundo y oscuro.

Ella me miró, escuchando con atención, sin interrumpir.

—Mathew... —continué— es frío, manipulador. Tiene esa sonrisa que parece amable, pero es solo una máscara. Por dentro es un hombre que disfruta hacer daño, que no siente culpa ni remordimiento. Te trata como si fueras un objeto, sin valor alguno.

Mi voz se quebró y una lágrima escapó sin permiso.

—Cuando me amenazó con ese revólver, no solo fue el miedo a morir... fue la humillación, la impotencia. Me hizo sentir pequeña, invisible, como si todo lo que soy no importara nada para él. No solo me golpeó el cuerpo, nana... me golpeó el alma.

Vendida a un mafiosoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora