- ¿Qué te pasa?
Levantas la vista de tu mano repleta de golosinas y te encuentras con la mirada preocupada de Calum. Llevas varios minutos en silencio, buscando el lado positivo de la situación.
Sonríes con dificultad y meneas la otra mano, quitándole hierro al asunto.
- Tengo sueño, eso es todo.
- Bueno.
Su madre está muy feliz con el regalo de su hijo.
No te extraña, por supuesto. Es uno de los anillos más bonitos del planeta. A ti, sin embargo, seguro que te hubiese quedado más bonito en el dedo.
Respiras hondo y te obligas a estar bien.
No pasa nada porque él no quiera pedirte matrimonio. Tal vez no esté preparado aún, no pasa nada. Tú le quieres y esperarás hasta que esté listo.
Sorprendiéndote, Calum se levanta de su sofá y se sienta a tu lado, envolviendo tu cadera con su brazo. Te besa la mejillas y sonríe al televisor, donde están poniendo una de las películas favoritas de su infancia.
- Calum.- le llamas.
Si no está preparado, de verdad, no pasa nada.
Tu miedo, por el contrario, te está haciendo pensar de forma negativa y temes que no sea eso, sino algo mucho peor: no quiere casarse contigo nunca porque no te quiere tanto.
- Dime, cariño.
- ¿Tú me quieres?
Sonríe y vuelve a besarte la mejilla.
- Por supuesto, hasta que seamos viejitos.
Sonríes y apoyas tu cabeza en su hombro.
Es una bobería preocuparte por un anillo. Un anillo no va a demostrarte que te quiere más que nada. Lo demuestra su forma de ser, sus besos y sus abrazos.
Y sí, él te demuestra cada día que te quiere.
¡Hola! ¡Feliz año nuevo, amigas y amigos! Es una pasada que en dos meses tengamos ya 10 mil visitas y 3 mil votos. ¡Es un placer escribir para lectores como ustedes!
¡Mucha felicidad y salud para 2018! Espero poder pasar muchos más años con ustedes a través de esta plataforma, dando vida a mi hobby favorito: escribir.
Gracias por todo.
Cuidaos mucho,
Aleave
