Aporreas la puerta del estudio. Aprietas el anillo en tu mano y respiras hondo.
Ahora todo cobra sentido: desde lo mucho que insistió en que no comieses helado sin él delante al fuerte dolor de garganta que tienes desde ayer. ¿Cómo pudiste tragarte el anillo sin darte cuenta? Es increíble que una pieza como esa entre en tu boca tan fácilmente.
Vuelves a golpear la puerta y se abre.
- ¡Ashton, es para ti!
Un chico canoso se hace a un lado y señala la puerta. Al segundo, Ashton sale. Está sudado y con una botella de agua en su mano. Seguramente acabas de interrumpir una grabación de una de las canciones del nuevo álbum.
No importa.
Lo tuyo es más importante.
- ¿Qué haces aquí?- pregunta, cruzándose de brazos.
Para ser sincera, esta situación te hace reír. Es la pedida de manos menos romántica de la historia, y tú te encargaste de destrozarla aún más. Es como si te hubiese pedido la mano el bote de helado.
¿Te casarías con el helado? No lo descartas.
Le enseñas el anillo y se sonroja.
- Sí, quiero.
Dos horas después, toda tu familia se ha enterado de que estás comprometida.
¡50 votitos! Espero que todo os vaya bien. Sed felices.
Aleave
