No vino.
No volvió.
Y a ti no te sorprendió.
Pasaron los días, las semanas y no hubo noche que no miraras el móvil, esperando su mensaje. Twitter te mantenía al tanto de su situación, sabías dónde había estado los últimos días. Estaba vivo, lo cual era lo más importante. Los rumores circularon rápidamente. Algunas personas te mandaron mensajes para ver si seguías con él, si eras consciente de que Calum había dejado de seguirte en todas tus redes sociales. Tú, sin embargo, no contestaste a nadie.
Lo conocías.
Sabías que se había agobiado, que había tocado el límite con toda esa situación y no podía más. Y no pasaba nada. Lo último que querías era ir detrás de él y rogarle que volviera. Jamás. Ante todo, te querías a ti y querrías a cualquier persona que quisiera estar a tu lado. Si él no quería estarlo, no pasaba nada.
Dos meses después, sin embargo, te llegó un mensaje a la madrugada. Era él.
"Necesito verte"
Y ahí estabas tú, sentada en pijama delante de la puerta, esperando a que Calum llegase y te diera explicaciones. Explicaciones que tú, por amor propio, habías evitado.
