- Oye, Ashton, ¿por qué están tan suave?
Su cabeza aparece en cuestión de segundos en la puerta. Se pone rojo como un tomate y corre, agarrándote las manos para que no toques la batería.
- ¡ATRÁS!
- ¿Qué?
- No se toca, no puedes tocarla, no, no, no, jamás.
- Eh.... vale.
- ¡No se toca!
- Vale, lo siento.
- ¡PECADORA!
