26. Sangre de Leones.

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Samara

Tragué con fuerza para así evitar las lagrimas de odio que amenazaban con bajar por mi rostro, inhalé y exhalé repetidas veces para que el nudo en mi garganta y el picor en mis ojos desapareciera.

Veía al causante de mi malestar y no podía reconocer su rostro. Era el de un gran amigo, al que muchas veces conté mis confidencias y malestares; pero ese rostro frente a mi ahora me parecía el de un extraño.

Recordaba cuantas tardes habíamos reído con anécdotas de nuestras vidas, cuantas mañanas hablábamos de los sentimientos más ocultos de nuestros corazones, y como cada noche trabajábamos a la par en ese glorioso local.

Ese hombre con mirada fría y rostro cínico frente a mí, no era Bolt.

El rumor de que la mano derecha de Jones estaba de regreso; las chicas decían que era el único hombre que las trataba como a seres humanos, era el único que no se abusaba de su condición al poder, y también el único que no intentaba sobrepasarse con ninguna. Había escuchado por Marla, que su historia era trágica y que ese hombre era tan prisionero como lo éramos nosotras.

Pero jamás pensé que ese hombre tan sufrido y bueno, era el mismo que limpiaba los vasos del bar de Tusayan. El me miraba de una manera que no quería interpretar, pareciera una disculpa muda y un sentimiento de culpabilidad; algo que me enfermaba de solo ver.

Estaba sentada en un caro sofá de cuero blanco que se ubicaba en la zona Vip de Paradise, nuevamente habían asistido los compradores y esta vez cada uno traía a sus lacayos que se ubicaban de pie junto a sus jefes. Ilay se encontraba a mi lado sentado en otro sofá, una de sus manos estaba sobre mis muslos, pero su gesto no era de lujuria, era una simple señal para que calmará la incesante ira que emanaba.

— Ya se realizó la transferencia con éxito. — Dijo Ilay a Santos, que se hallaba frente a el — Mañana podrás llevarte tu compra.

— Estaba ansioso por llevarlas, aunque hubiese pagado cualquier cifra por tu hermosa acompañante. — Dijo Santos mirándome — ¿Cómo era tu nombre, linda?

— Ella es Samara, la joya de Ilay. — Respondió el viejo Jones llamando la atención de los presentes — Fue algo difícil, pero después de mucho tiempo pudo encontrarla.

El silencio era cortado por la fuerte música del local, todos sabían los medios que se llevaban a cabo para que todas estas mujeres estuvieran a su merced; pero le molestaba oírlo de manera directa. Hipócritas.

— Lo imagino. Lo bueno tarda en conseguirse — Habló Pietro — Una historia que me gustaría escuchar en algún momento, Bella Zingara.

— Fue el malnacido aquel. — Le dije señalando a Bolt que estaba parado a la derecha de Jones — Se hizo pasar por un gran amigo, y me entregó a este grupo de degenerados.

La mano en mi muslo se apretó con fuerza, ese era el primer aviso. Todas las miradas fueron a parar al hombre que estaba siendo increpado; su rostro era de dolor, pero se recompuso rápidamente y negó con la cabeza.

— Solo estaba defendiéndome y cuidando mi trabajo, no lo tomes personal. — Dijo con total impunidad

Nuevamente el silencio inundo el segundo piso. Eran alrededor de veinte hombres entre compradores, escoltas y gente de seguridad; pero todos se habían puesto de acuerdo para no interferir en la conversación pesada. Sentía que el aire me faltaba y que el traje rojo con telas y collares, eran cadenas y lazos que me tenían presa a este lugar.

Hice un escaneo rápido de mi entorno, frente a mi se encontraba Santos y su hombre de confianza, a su izquierda estaba Pietro y a la derecha estaba Jones con Bolt de pie, Ilay permanencia con el rostro serio a mi lado. Entre Santos y yo había una lujosa mesa de cristal con una gran infinidad de vasos y botellas, me sentí liberada de esas cadenas por un segundo al ver mi objetivo.

JacharíDonde viven las historias. Descúbrelo ahora