Margaret
— Entiendes lo que tienes que hacer. — Me dijo el teniente Santos y asentí con la cabeza
Nos encontrábamos en el auto de él junto con Damián, ambos me iban detallando paso a paso los puntos del plan después de que yo hiciera mi trabajo. No sería simple, pero no perdía más de lo que ya había perdido.
— ¿Qué más puedo hacer luego de los análisis? — Le pregunté para disipar la piedra que tenía en el estómago
— No tienes idea de lo importante que es para mi tu parte. — Dijo Damián desde la parte trasera del auto — Salvarías dos vidas y dejaras la puerta abierta para más.
Él tenía razón, pero aun así me sentía que debía hacer algo más por esas pobres chicas que habían vivido en la fatalidad. Suspiré y asentí nuevamente, si eso era lo único que podía hacer de momento, lo haría sin importar que.
Bajé del auto y caminé con mi maletín, di dos vueltas a la manzana antes de caminar las tres cuadras que separaban mi actual residencia del Paradise. Mis manos sudan cuando toqué el timbre en la metálica puerta de servicio, me abrió Mikhail y tuve que poner el rostro de indiferencia que usaba siempre que entraba al lugar, aunque sabía muy bien que nada de aquí me era indiferente.
— ¿Te mandó a llamar el jefe? — Preguntó el ruso mientras me dirigía al interior del local donde ya comenzaba a oírse la música
— No, es rutina de las chicas.
Con esa frase fría se terminó nuestra charla, y agradecía que no hablará más porque sentía que el peso de mi maletín había aumentado considerablemente. Llegamos hasta las instancias internas en donde solo los empleados se reunían, el local era como un laberinto diseñado para que nadie escapará sin perderse.
— Voy a llamar a Ilay, espera aquí.
Mikhail se fue y me dejó en el cuartucho que oficiaba de sala para sanidad, aunque de salubre tendría muy poco. Miraba los escasos y maltrechos insumos que tenía en el lugar, había visto varias cosas a pesar del poco tiempo que tenía dando servicios médicos. Muchas chicas habían llegado al lugar por golpes de clientes, por mal nutrición, por sobredosis e incluso por un aborto mal concretado. Los incidentes no terminaban nunca aquí, cada día se veía algo nuevo y más espeluznante y cuando creía que ya no podía presenciar nada más aberrante, llegaba una de las chicas con una lesión uterina sangrante por corte con navajas.
Quizás yo solo había tenido la "buena suerte" de ver esas cosas, sabía que había muchas más horribles que daba gracias de no saber. Nadie podía confirmarme a ciencia cierta qué horrores escondía Paradise. Esto era como la Caja de Pandora, cuando se abriera saldrían todos sus males.
— Maggie. — Llamó un hombre en la puerta
— Ilay, que gusto verte. — Dije falseando mi sonrisa al ver al gitano entrar a la sala
— El gusto es mío, preciosa. — Sonreí y pasé por alto el apelativo — ¿Qué te trae por aquí?
— Los chequeos mensuales de las mujeres. — Le dije con naturalidad, él se sentó en una de las dos sillas detrás de un pequeño escritorio
— ¿Es necesario? — Preguntó mirándome fijamente
— Si, sabes que hay que detectar enfermedades o embarazos a tiempo.
Parecía meditar mi respuesta, busco algo en mi rostro y se dio por vencido. Suspiré cuando Ilay se levantó y asintió levemente.
— Voy a traerte a tres cada dos horas. — Dijo mientras caminaba a la puerta — Las demás están trabajando.
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Jacharí
RomanceNovela autorizada por la Asociación Nacional Madres Víctimas de la Trata Una mujer escapando de un destino ingrato y de costumbres antiguas, encuentra escape en un pueblo perdido, sin saber, que el mundo ilícito y oscuro del tráfico humano se está p...
