Samara
Cuando Bolt me dio la orden, salí de la cabaña y di los primeros pasos fuera. Debíamos estar cerca de Las Vegas por el clima cálido que había a pesar de ser la madrugada. Todo para mi era desconocido, como los primeros pasos de un bebé que esta conociendo al mundo que lo rodea.
Salí de a poco, miraba embelesada todo mi alrededor, el cielo nocturno me parecía más negro y las estrellas más brillantes; los arboles más altos y el césped tenía otra tonalidad de verde. Todo tenía otro color y otra forma.
Sentía que las gruesas lagrimas caían por mi rostro, pero no me importaba, hacía mucho tiempo que no veía otra cosa que las lascivas paredes del Paradise, tanto tiempo había pasado que ya me había olvidado del color de las flores o del canto de las lechuzas que resonaban en el lugar.
La copa de un árbol tapaba la luz brillante de la luna, me acerque hasta donde se podía volver a ver y levante una mano para verla bañada con el color de la luna. Mi pecho volvió a temblar por el llanto contenido, hacía tanto que no veía al cielo que una simple luz podía darme sensaciones que creía olvidadas.
¿Cómo no valoramos lo cotidiano pero hermoso?
Cuando puse un pie fuera de la cabaña me di cuenta de la real gravedad de lo que el encierro había hecho conmigo. El valor de las cosas diarias es enorme y lo dejamos pasar siempre, me reprochaba mientras veía una hoja seca caer con gracia. Me preguntaba si antes del encierro podía darme cuanta de lo millonaria que era en cuestiones mínimas, cotidianas:
¿Hace cuánto no le decía "te quiero" a mi mamá?
¿Hace cuánto no abrazaba a mi papá?
¿Hace cuánto no miraba el cielo, solo porque sí?
¿Hace cuánto no salía para que el sol me diera en el rostro?
La felicidad la tenemos al alcance de la mano, solo hay que saber reconocerla. Me daba cuenta de lo tonta que fui por valorar todas esas cosas cuando me las arrebataron, porque yo tenía todo eso y mucho más.
Sequé mis lagrimas cuando escuché los pasos de Bolt detrás mío, si no me puse a llorar dentro del infierno, no lo haría fuera de él.
- Damián esta por llegar.
- Genial... - Susurré
Bolt se sentó en el suelo y me hizo una señal para que lo acompañará, me senté junto a él y respiré profundamente, el aire del bosque lleno mis pulmones de inmediato.
- Lo siento. – Me dijo nuevamente
- No lo hagas, ya lo hablamos.
Se creó un silencio en medio de nosotros. Bolt estaba muy apenado conmigo, él sabía más que nadie en que tipo de calidad viven las mujeres que caen en las manos de proxenetas, pero entiendo que tenía un gran y enorme motivo por el que me entregó. Y no sé si en su lugar yo no hubiese hecho lo mismo...
Se necesita mucho valor para llevar adelante una familia, pero se necesita más para descartar tu vida y anteponer las suyas.
- ¿Qué harás ahora? – Preguntó rompiendo el silencio
- Primero, daré toda la información que sé para que destruyan ese lugar. – Dije mirándolo a los ojos – Después de eso me iré lejos para criar a mi hijo.
Bolt levanto su mano hasta mi vientre y cuando me hizo un gesto dudoso, lo incentive a que lo hiciera. Él acaricio el vientre que ya se mostraba abultado por el embarazo de al menos cinco meses de gestación, era un gesto de amistad puro, libre de todo espectro del pasado que nos rodeará.
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Jacharí
RomantikNovela autorizada por la Asociación Nacional Madres Víctimas de la Trata Una mujer escapando de un destino ingrato y de costumbres antiguas, encuentra escape en un pueblo perdido, sin saber, que el mundo ilícito y oscuro del tráfico humano se está p...
