Justin B.
El silencio sepulcral de la noche me envolvió, observé a Mía dormida, su cabello cubría parte de su rostro, sin cubrir su belleza. Su perfil dejaba ver lo hermosa que es, me quede mirándola por largos minutos, se durmió mientras me contaba sobre sus conversaciones con su amigo Jack, su volumen de voz fue desvaneciéndose a medida que la historia avanzaba y finalmente no la oí más. Aparté el cabello de su rostro, acaricié su mejilla suave. Bajo el puño de mi abrigo se asomaban mis tatuajes, esos que ella intentaba contar en ocasiones, los mismos que hicieron que su padre me odiara en un principio, los mismos que comencé a hacerme desde pequeño. Catorce años tenía. No pude huir de mis propias sombras del pasado y recordé que cuando comencé con las carreras de autos por cada victoria me hacía un tatuaje. A veces extraño la adrenalina de correr, quisiera subir a un auto y acelerar a fondo, que la gente se vuelva loca gritando mi nombre esperando que llegue a la meta, pero esa es otra historia ilegal de mi vida. Antes no le veía problema, era solo correr. Las balas eran otra cosa, no usaba pistolas usualmente, pero tener una en mis manos en cada entrega grande de Derek era adrenalínico. Eso no lo extraño, pero lo recuerdo. Mía suspiró y me despertó de mis pensamientos, ni siquiera se movió. Saque la cajetilla de cigarrillos y me fui al balcón de la sala, encendí uno enseguida. No, no extraño la vida ilegal; me lo repetí a mi mismo. No lo extraño. Extraño el dinero, si, porque quisiera saberle a Mía lo que merece, pero no extraño el peligro. En realidad, ¿A quien engaño?. Si lo extraño, extraño sentir que corro por las calles evitando que la policía me descubra. Recordé la noche que me encontré con Mía justo cuando corría huyendo, esa noche la besé. En esos tiempos disfrutaba de mi vida, nada me daba miedo, porque creía no tener nada que perder, pero Mía apareció. Escuché un silbido suave, baje la mirada rápido. Derek de pie frente balcón fue lo primero que vi. Lo maldije enseguida, no di tiempo a nada, solo baje por las escaleras de prisa.
-¿Qué demonios haces aquí? -lo encaré.
-Solo paseo.
-Seguiste a Mía, ahora estás aquí. ¿A qué quieres jugar? Sea lo que sea, no he olvidado como hacerlo, te lo aseguro.
-Tranquilo Bieber, yo solo busco ayudarte y tú piensas que quiero dañarte. No nos conocemos hace unos días, sabes bien que si quisiera dañar a tu chica lo habría hecho -sonrió maliciosamente.
Derek hablaba en serio. Lo conocí cuando yo era solo un niño, catorce para ser exacto. Precisamente en el lugar en donde me fui a tatuar estaba él. Lo conozco, lo conozco bastante como para saber que es peligroso cuando quiere serlo. No le tiembla la mano al disparar un arma. El negocio de las drogas era lo suyo, eso lo mantuvo siempre, lo de las carreras surgió por pura diversión. Derek podía ser tranquilo a la hora de negociar lo de las drogas, no le gustaba ensuciarse las manos directamente, le gustaba tener a quien diera la cara en la entrega, ese fui yo, pero cuando ha tenido que hacer algo con sus propias manos lo ha hecho.
-No te metas conmigo -advertí-. Ambos nos conocemos. Mía es mi vida, si la tocas, te mataré.
-Se que hablas en serio, no te importara volver a prisión si es por defenderla, lo sé. Pero no quiero hacerle daño. He visto que tiene un buen trabajo. ¿Y tú?
-¡Dime que demonios quieres! -alcé la voz-. Estoy perdiendo la paciencia
-Justin -sonrió irritable-. Las calles eran mías. ¿Lo recuerdas? El mayor exportador de drogas era yo. Los otros me respetaban, todos querían trabajar conmigo, pero siempre te tuve por encima de todos.
-Deja tus historias, ya me las sé.
-Ahora me han quitado las calles, mi lugar se lo han dado a otro. Rodríguez está a cargo ahora y quiere que le demuestre que no me dejaré atrapar nuevamente.
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Dulce Dolor © #2
JugendliteraturSEGUNDA PARTE DE DULCE TORMENTO. ¿Vivieron felices para siempre? Justin creyó que con los años que estuvo en la cárcel se había acabado todo lo malo y podría reconstruir su vida, pero el pasado no siempre se queda atrás y hay que saber enfrentarlo. ...
