Capítulo 40: Final

2.1K 156 23
                                        

Mía.

Por fin podía abrazarlo, por fin podía besarlo. Había pasado días enteros pensando en que lo perdería nuevamente y eso me hacía sentir vacía. Es increíble como encuentras tu complemento perfecto en otra persona, alguien que te acepta y ama, alguien que te apoya y quiere lo mejor para ti, así como tú para él. Hace mucho tiempo comprendí que si estás con la persona correcta, siempre será un impulso, un equipo. Justin es mi equipo y sentir que lo perdía me había estado matando por dentro, pero sentirlo de nuevo conmigo, abrazarlo y poder verlo sonreír era una felicidad inexplicable.

-¿Cómo estás para tu operación de mañana?

-Estoy bien -desvíe la mirada a todos, que nos estaban mirando.

-Es hora de irnos -Any se puso de pie.

-Gracias por la compañía -sonreí mirándola.

La habitación de hotel era una habitación grande con dos sub habitaciones, una cocina pequeña y dos baños personales. Any y Javiera debían volver porque no podíamos estar todos juntos ahí y ademas, debían volver a sus vidas. Todos habían alterado su diario vivir para acompañarme en mi viaje.

-Gracias chicas -intervino mi padre-. Un taxi las llevará al aeropuerto y Angela las esperará en casa.

-Mucho éxito -me abrazó Javiera-. Te esperaremos con ansias en casa.

-Y yo con ansias esperaré volver -reí levemente-. Gracias por haber estado aquí, de verdad.

-No agradezcas Mía, esta operación es importante para todos, no solo para ti -Any besó mi mejilla.

Ambas me dieron un abrazo fuerte y se fueron con sus maletas ya preparadas desde temprano. Me quedé a solas con mi padre, Tomás y Justin. Les di una mirada a mi padre y hermano, ellos entendieron.

-Entonces, ¿vamos a conocer el hotel? -Tomás se dirigió a mi padre, él asintió.

-Sí necesitan algo nos llaman. Traeremos algo de comida rápida.

Asentí en silencio, ellos salieron de la habitación y Justin me miró frunciendo las cejas.

-¿Sucede algo? -preguntó y yo asentí con temor, él se acercó a acariciar mi mejilla-. Puedes decirme cualquier cosa.

-Lo sé, solo no sé cómo decirlo, no sé cómo vas a reaccionar y no sé si es lo correcto.

-Dímelo y sabrás -sonrió levemente.

-Hace unas semanas comencé a sentirme mal.

-¿Cómo mal?

-Mal, mareos, náuseas -Justin me miró atentamente, no dijo nada-. Me hice un test de embarazo -continuó en silencio-. Luego del accidente yo perdí mi rutina de anticonceptivos, solo visitaba el médico por mis piernas y me olvidé de cuidarme.

-Al grano Mía -intervino nervioso.

-Estoy embarazada Justin -bajé la mirada.

Pasaron segundos que se me hicieron eternos, sentí miedo de mirarlo y cerré los ojos con fuerza. Su mano llegó a la mía y la estrechó con fuerza.

-Mírame -escuché su voz. Abrí los ojos y lo miré-. ¿Qué pasa?

-Ya te lo dije.

-No, te estoy preguntando qué pasa, por qué bajas la mirada, por qué cierras los ojos. ¿Es una mala noticia para ti?

-¿Para ti no?

-¡Claro que no! -sonrió ampliamente-. Eres la mujercita que amo, con quien quiero estar por el resto de mi vida. ¿Por qué sería una mala noticia que vamos a tener un hijo? -continuó sonriendo-. Es la mejor noticia que he recibido desde hace mucho tiempo.

Dulce Dolor © #2Donde viven las historias. Descúbrelo ahora