Capítulo 38

1.8K 143 14
                                        

-Hazlo por mí -la miré a los ojos y tomé sus manos entre las mías-. Ve a ese viaje, pon todo de tu parte para que la operación sea un éxito, asiste a la rehabilitación y no dejes nada a un lado por mí, porque yo estaré aquí, te esperaré como tú me haz esperado siempre.

-Justin, ¿en mi lugar lo harías? -preguntó ella, estaba seguro de que ella sabía mi respuesta y por eso no pude decir nada, me mantuve en silencio mientras bajé la mirada-. Sabes que no, haz hecho tanto por mí que yo estoy segura que jamás priorizarías el volver a caminar por sobre dejarme sola.

-No se trata de dejarme solo Mía, este viaje es demasiado importante para ti, jamás volverás a conseguir una cita para esa operación en Suiza.

-Quiero que mi padre sea tu abogado y quiero declarar en el juicio -insistió.

-Cariño, piénsalo, por favor, no quiero que te arrepientas toda tu vida de haber perdido esa operación. Solo prométeme que lo vas a pensar.

Ella bajó la mirada y asintió levemente con la cabeza. Quise acercarme para cortar la tensión, ella aceptó mi abrazo y me besó tiernamente. La abracé y acaricié su cabello, estuvimos un largo rato en silencio pero abrazados. A nuestro alrededor la gente se saludaba y charlaban, pero entre nosotros no existía nadie, solo estábamos ahí con una pequeña mesa y nuestra presencia. Mía respiró profundo, me alejé para mirarla a los ojos y estaban inundados de lágrimas, evitaba pestañear para que no cayeran por sus mejillas, se estaba aguantando quebrar por lo que parecía mucho tiempo. Sonrió intentando fingir que nada pasaba.

-Te extraño, quisiera abrazarte en otro lugar. Que en las noches durmieras a mi lado y no en una cama fría -su voz se quebró-. Siento que ambas veces que haz estado aquí ha sido por mi culpa, por conocerme, por cuidarme. No me imagino como es este lugar de noche, como te tratan y... por Dios Justin -las lágrimas cayeron-. Tengo tanto miedo de que te hagan algo aquí adentro.

-No me va a pasar nada -sequé sus mejillas-. Te prometo que estaré bien. Me encontré con un amigo que sigue aquí, es un buen tipo, ambos nos cuidamos, nada malo va a pasarme y te prometo Mía que jamás volveré a cometer aquel error de negarme a verte, estaré esperando cada visita para salir a abrazarte.

-No quiero Justin, no quiero pensar que será mucho tiempo el que estarás aquí, quiero creer que son solo las tres semanas de espera para el juicio y luego llegarás a casa a estar conmigo.

-No puedo asegurarte nada, cariño, no puedo. Pero te amo y estaré rezando para salir a estar contigo.

-Yo tampoco puedo asegurarte que logre tomar ese avión dejándote aquí por tanto tiempo -reprochó.

-Si salgo de aquí pronto, te prometo que todo esto quedará atrás y nos iremos lejos, donde tú quieras, haremos todo lo que tú quieras.

-¿Aún quieres viajar? -preguntó mirándome curiosamente-. A Australia me refiero.

-Quiero lo que tú quieras. En cualquier parte del mundo, aquí, allá o en otro lugar, podemos comenzar de cero y ser felices. La vida está donde estemos juntos. Eso para mí es vida, estar contigo.

Nuevamente sus ojos estaban inundados en lágrimas pero intentó sonreír.

-Tu padre me dijo que cuando salga de la cárcel él mismo me enviará un pasaje para seguirlos a Suiza.

-Mi padre y tú deberían entender alguna vez cuáles son sus desiciones y cuáles son las de otros.

-Solo pensamos en lo que sería mejor para ti -insistí-. No podría vivir sabiendo que te ausentaste a la operación más importante por mi culpa.

-Basta de culpas, Justin. Por favor -me miró a los ojos, me mantuve en silencio-. Tú culpándote por mis cosas y yo culpándome por las tuyas. No llegaremos a ninguna parte. Las cosas son como son y no importa por qué, estamos aquí ahora. ¿Quieres respetar mis decisiones? Porque yo si quiero respetar las tuyas.

Dulce Dolor © #2Donde viven las historias. Descúbrelo ahora