Capítulo 9

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Mía S.

Últimamente prefiero ir al trabajo en autobús, tardo un poco más pero me sirve para ahorrar. Me senté a esperarlo en la esquina y al cabo de un rato escuché una bocina de auto, levanté la mirada impulsivamente y reconocí ese cabello rubio desde lejos. Él sonrió.

-¿Qué tal Mía?

-Hola Colton -saludé.

-¿Vas al trabajo? -preguntó y asentí con la cabeza-. Sube, te llevo, yo también voy.

Dudé un par de segundos, no conozco demasiado a Colton, más bien lo conozco bastante poco, pero no creo que sea un psicópata en serie ni nada que se le parezca, así que caminé hasta su auto y subí.

-Gracias -dije en seguida.

-No es nada, vamos al mismo lugar -continuó con su mirada fija en el camino y yo sonreí levemente en agradecimiento-. ¿Cómo va el trabajo?

-Bien, siempre hay algo nuevo en el hogar.

-Lo sé. El chico que está metido en droga tuvo un accidente, le dispararon en el tobillo.

-¿De verdad? -me exalte un poco-. ¿Es grave?

-Tiene inmovilidad, por eso voy. Pero eso lo mantendrá alejado de las calles un tiempo.

-Espero que así sea. Tengo que confesar que me sorprende mucho la facilidad para huir del hogar, salen y entran como si fuera una casa cualquiera.

-Legalmente ni siquiera los pueden retener ahí, no es una prisión, pero es todo lo que tienen -se lamentó, igual que yo.

-Espero poder hablar con ese chico hoy.

-Te deseo suerte. Admiro tu profesión, yo no podría hacer lo que tu haces.

-¿A qué te refieres?

-A estar ahí, para escuchar a todo el mundo. Llenarte de los problemas de todos, para luego quedarte con sus problemas dando vueltas en la cabeza.

-En cierto modo considero que todos somos psicólogos de alguien en la vida; de un amigo, un familiar o aveces tu pareja.

-Si, puede ser. Pero es admirable, se supone que debes estar ahí con el fin de ayudar a las personas. Para ti es especial, tu debes estar ahí intentando ayudar a niños, más difícil aún.

-¿Por qué?

-Porque ellos no están buscando ayuda, y lamentablemente; solo puedes ayudar a las personas que quieren esa ayuda. Pero aún así, tu debes seguir ahí.

-¿Y tú no?

-No -me miró un segundo esperando ver mi reacción-. La verdad es que yo voy a prestar un servicio médico, si no quieren que lo haga puedo irme. No tengo que rogar por un bienestar de ellos.

-Bueno, en parte tienes razón, de todos modos a ti no te rechazan, es a mi a quien rechazan, nadie quiere contar sus problemas a un desconocido.

-Exacto, a eso me refería.

La conversación finalizó así, tal cual, como si hubiera estado programada a qué finalizara justo cuando estábamos entrando al estacionamiento del hogar, porque así fue. Ambos bajamos del auto y caminamos en silencio hasta la entrada, escuché un grito casi familiar a mis espaldas.

-¿Y ustedes que hacen llegando juntos? -está era la voz pícara de Jack.

-Me la encontré en el camino -se adelantó a responder Colton.

-Genial -sonrió Jack-. Mía, tengo noticias para Justin, el padre de mi novio quiere que vaya a una entrevista de trabajo.

-¿De verdad Jack? Pero, ¿Mencionaste algo sobre lo que te conté?

Dulce Dolor © #2Donde viven las historias. Descúbrelo ahora