Capítulo 14.

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-¡Maldita sea! ¡Maldito Derek! ¡Voy a matarlo! -grité con desesperación.

-Rápido Justin, dime donde estaba Mía -Ryan encendió su auto rápido y me hizo reaccionar.

-En el trabajo, estaba en el trabajo.

-Dime la dirección, rápido.

-Por la carretera al norte.

Ryan condujo rápido mientras la ira, rabia y pena se apoderaban de mi. Pero el miedo, sobre todo el miedo estaba completamente apoderándose de mi. Entonces lo vi, en medio del camino en el sentido contrario un enorme choque estaba frente a mis ojos. Ryan se detuvo, yo corrí hasta ahí, la policía ya estaba en el lugar y me detuvieron, no podía acercarme. Mi amigo me afirmó con fuerza cuando intente llegar a toda costa hasta el choque de los vehículos. No lograba ver nada.

-No es ella, no puede ser ella. ¡Díganme que no es ella maldita sea! -mis gritos me desgarraron. Ryan me sostenía con fuerza.

La ambulancia llegó, los policías me pedían que me alejara del lugar pero yo no podía reaccionar.

-Hay una persona fallecida -le dijo el policía a los paramédicos de la ambulancia.

Entonces mi cuerpo se derrumbó, caí al suelo y no fui consciente de nada. No sé cuánto tiempo pasó, no sé qué decía Ryan a mi lado, pero yo estaba ahí, en el suelo. Hasta que aparecieron con una camilla y gritaban que abrieran paso.

-Joven herida, aproximadamente 24 años, está consciente -decía el médico a otro-. Dime tu nombre, ¿Sabes tu nombre?

Corrí hasta ellos, corrí y la vi. Mía tenía un cuello ortopédico y otras cosas que mantenían inmóvil su cabeza. Su rostro estaba lleno de sangre, su mirada perdida, estaba despierta. Su cuerpo totalmente lleno de cuerdas y sangre.

-Fractura visible en la columna y fémur, otra fractura en la clavícula y el brazo derecho -el paramédico continuaba hablando mientras la subían a la ambulancia y por fin reaccioné.

-¡Soy su novio! -grité fuerte y otro de los paramédicos me hizo subir rápido a la ambulancia.

Me acerqué a ella por fin, tomé su mano, su mirada aún estaba perdida pero no decía nada. Me miró por fin, me miró a los ojos y se detuvo en mí, unas lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas y apretó mi mano muy levemente.

-Tranquila, tranquila cariño, estoy aquí, estoy contigo. Todo va a salir bien.

Los paramédicos a mi lado no dejaban de moverse, le pusieron agujas y aparatos por el cuerpo, me alejaron un poco de ella y sus ojos se empezaron a cerrar.

-Mantente despierta jovencita -le dijo una mujer mientras le ponía oxígeno-. Mantente despierta, necesito que estés despierta un poco más, necesito estabilizarte. Eres fuerte, lo sé. Mira quien está aquí, ¿es tu novio verdad? Qué guapo, no dejes de mirarlo, quédate con él, no te duermas.

Me acercó a Mía de nuevo y pude tocar su mano nuevamente, ella me miró en silencio, sus ojos se cerraban lentamente.

-No te duermas cariño, por favor, solo un poco más, mantente despierta, solo un poco. Mírame a los ojos, te amo, estoy contigo, no te dejare jamás -sus ojos estaban fijos en mi, estaba luchando por no dormirse-. Saldremos de esto, todo va a estar bien, saldremos de esto y nos casaremos. ¿Sabes que iba a pedirte matrimonio? Quiero casarme contigo lo antes posible, quiero casarme y seremos felices. ¿Quieres tener un hijo conmigo? Yo quiero tener muchos, por favor, solo mantente despierta.

Mía apretó mi mano nuevamente, muy suave y sus ojos no pudieron más, se cerraron lentamente. Intente seguir hablando, intenté que reaccionara, la mujer se acercó y puso una mano en mi hombro.

Dulce Dolor © #2Donde viven las historias. Descúbrelo ahora