Capítulo 25

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Justin.

En el hospital se llevaron a Mía a la sala de rayos, necesitaban realizarle una nueva radiografía y revisar cómo iba la fractura luego del tiempo. Eso fue algo rápido, pero los resultados tardarían un par de horas por lo que mientras tanto se la llevaron a la sala de ejercicios. Su padre me comentó que Mía había tomado la decisión de abandonar las sesiones de ejercicio en casa y comenzar a asistir al hospital para ello, era una buena decisión considerando que todo está mejor equipado ahí para poder tener mejores resultados. El doctor pidió hablar a solas con su padre luego de al menos una hora, por mi parte decidí ir a ver a Mía a la sala de ejercicios. Estaba lleno de máquinas, muchas personas de todas las edades estaban en sesión también, observé a Mía a la distancia, estaba con sus piernas amarradas en algo parecido a una trotadora especial y sus piernas se movían como si estuviera caminando. Ella se veía concentrada y cansada, mantenía su peso con las manos en barandas de apoyo y no pude evita sonreír levemente al verla. Un terapeuta a su lado le daba indicaciones, ella asentía en silencio. Detuvieron la máquina y ella levantó la mirada, sus ojos se encontraron los míos, vi ternura en su mirada, vi tranquilidad, como antes, como cuando todo estaba bien y nos mirábamos en paz. Me hizo una seña con la mano para que me acercara a ella, no lo dudé ni un segundo.

-¿Me ayudas a volver a la silla? -sonrió.

-Claro -me acerqué rápido a tomarla en mis brazos.

-Quiero decirte algo -me habló aún sonriendo y me incliné a su lado-. Sentí los pies, esa máquina de allá me hizo cosquillas.

El brillo de sus ojos me estrujó el corazón.

-No sabes lo feliz que me hace escucharte decir esto -me atreví a acariciar su mejilla. Ella se estremeció y suspiró.

-Quizá solo fue una alucinación -bajó la mirada.

-No, no Mía, no digas eso.

-No sabes cuánto deseo volver a estar como antes -me miró directamente a los ojos y mi corazón se aceleró.

-Esto -indiqué su silla-, no significa nada. Todo podría ser como antes si tú quisieras.

-No lo entiendes -negó con la cabeza.

-Te aseguro que si lo entiendo -tomé su mano y la besé.

Mi teléfono sonó, miré la pantalla.

-Es un mensaje de tu papá, los resultados están listos.

No esperé respuesta, me puse de pie y la llevé en su silla hasta la sala que me indicó su padre. Un médico observaba las nuevas radiografías con atención, dejé a Mía junto a la silla que me senté y tomé su mano sin preguntar, entrelacé mis dedos con los suyos y presté atención.

-Voy a ser sincero -comenzó el médico.

-Eso estamos esperando -el padre de Mía estaba nervioso.

-No veo muchas mejoras. La fractura sigue en un grado mayor, puede operarse, claro que sí, pero es una operación riesgosa y aquí no contamos con la tecnología necesaria para eso.

-¿Qué quiere decir? -me atreví a preguntar.

-En suiza existen tratamientos de estimulación eléctrica de médula espinal y hay casos reales de pacientes parapléjicos que han vuelto a caminar -el médico habló mirando a Mía a los ojos.

-¿Suiza? -Mía suspiró-. Debe costar mucho dinero.

-Naturalmente -asintió el médico.

-¿Puede gestionar una consulta en alguna clínica de Suiza que realice ese tratamiento? -preguntó el padre de Mía de inmediato.

Dulce Dolor © #2Donde viven las historias. Descúbrelo ahora