Capitulo 20

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Justin.

Me preocupé de todo. Eso pensé.
Ryan me prestó su auto, el de su trabajo, sabía que con Mía en silla de ruedas no podía llevarla a cenar en taxi, el solo hecho de esperar que alguno quisiera detenerse viendo la silla era un desafío, porque no a todos les agrada llevar a una chica con silla de ruedas. También pensé en que debíamos ir a un lugar que no hubiéramos ido antes, algo nuevo, algo elegante, también íntimo, que no fuera un lugar donde entrara y saliera gente a cada momento, a veces los curiosos intimidan con las miradas y no quiero que nadie la mire demasiado solo por estar en una silla. Lo más importante; me preocupé del dinero, llevar lo suficiente para atenderla como se merece. También me preocupé de la reservación, no podía correr el riesgo de llegar y que estuviera lleno o no se pudiera entrar sin reservación.

Escogí un restaurant que me recomendó la persona que me entrevistó en el trabajo. Me vio nervioso, me preguntó que pasaba, si era sobre el trabajo o algo personal. Le dije que iba a sacar a cenar a mi novia y era una cita importante, él bromeó un rato y luego me recomendó un restaurant del centro de la ciudad, dijo que tenían música en vivo, ambiente romántico con velas, un menú novedoso con platos extranjeros y personas muy amables, ideal para una noche especial. Luego de todo eso, me dijo que estoy contratado. Me sentí tan feliz como para correr donde mi amigo Ryan y pedirle dinero prestado y su auto, él también se puso feliz con la noticia y hasta me acompaño a hacer la compra especial que necesitaba. Probablemente ya estaría debiendo todo mi primer sueldo, le compré un teléfono a Mía con el dinero que tenía ahorrado para el siguiente mes de alquiler, porque decidí no estar más en ese departamento si estaría solo. Para mi suerte Ryan me recibió de vuelta, pero eso es algo que no pienso contarle a Mía aún. Y con el dinero que le presto Ryan compré su anillo.

-¿No te estarás apresurando un poco hermano? No sabía de esta idea -me dijo unos segundos antes de pagar.

-Estoy seguro, me apresuré porque la tengo lejos y eso me pone mal, pero estoy seguro. Iba a hacerlo de todos modos, aunque no tenía fecha pensada, con todo lo que ha pasado creo que es un buen momento.

Con mi respuesta él no dijo más, simplemente me apoyó. No pude esperar hasta la tarde, le había dicho a Mía que pasaba por ella para cenar pero estaba ansioso por eso preferí cambiarlo por un almuerzo.

Tomé a Mía en mis brazos para guardar su silla en el maletero del auto, se puso un vestido azul que le quedaba fenomenal, se sorprendió cuando le dije que iríamos a un restaurant con cinco o más estrellas.

-¿Cuál es la sorpresa? -pregunté ante su expresión de asombro.

-Que en realidad no sabía que los restaurant también fueras clasificados con estrellas -rió a carcajadas y reí con ella.

-Tienes razón, no se si eso es posible pero vamos a un lugar muy elegante, que si fuera clasificado en estrellas, serían cinco o más -reímos juntos-. Me lo recomendó mi nuevo jefe.

-¿Nuevo jefe? -volvió a poner cara de asombro, con la boca abierta y sus manos intencionalmente cubriendo su boca.

-Estás frente al nuevo administrador de Betsy's Hotel -sonreí ampliamente-. Comienzo el lunes.

-¿Y esperaste todo este tiempo para decírmelo?

-Apenas hemos salido de la casa cariño -reí-. Iba a decírtelo cuando estuviéramos comiendo.

-Te felicito mi amor -la vi sonreí, esa sonrisa sincera y pura que me enamora cada día-. Quisiera abrazarte, pero estás conduciendo.

-Nos abrazaremos en cuanto bajemos -sonreí.

Llegamos al cabo de un rato, no era demasiado lejos, tampoco demasiado cerca. El camino me dio tiempo de que mi nervios se tranquilizaran un momento, pero en cuanto me baje del auto y la acomodé en su silla mi corazón volvió a latir a mil latidos por segundo. Sentí la caja pequeña en mi bolsillo y respiré profundo para calmarme. Ella sonreía levemente en todo momento. Avancé llevando su silla y llegamos al primer problema en el cual no pensé: el restaurant estaba en altura, vario escalones nos separaban de la puerta de entrada. Mía bajó la mirada en silencio. Intenté pensar una manera de subir, pero las ruedas de la silla son tan grandes que era difícil al menos ir escalón tras escalón. Tuve que pedir ayuda, en cuanto apareció una pareja me ayudaron enseguida, tomé a Mía en mis brazos y el otro chico subió la silla. Al agradecer y despedirnos, la pareja nos miró con algo de ternura y nostalgia a la vez, Mía seguía con su mirada en el suelo.

Dulce Dolor © #2Donde viven las historias. Descúbrelo ahora