Capítulo 26

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Mía.

Larga ducha de agua caliente, linda ropa nueva que fue un obsequio de mi padre, la ayuda de Javiera para vestirme y la de Tomás con el desayuno. Todo listo para volver a la vida real; el trabajo.
Ya estaba todo pensado, mi padre me dejaría por la mañana y en la tarde iría por mí. Me sentía como una niña chiquita de nuevo, pero una parte de mí estaba feliz y tranquila por eso.

En el hogar de niños mis colegas me esperaban con una bienvenida sorpresa y mi corazón se hinchó de felicidad por eso. Jack también estaba ahí, apareció con un ramo de rosas en sus manos y me lo entregó mientras el resto estaba preparando mi oficina.

-Te llegaron a primera hora esta mañana cariño -sonrió mi amigo.

-¿Las enviaron? -fruncí las cejas y vi que tenía una tarjeta.

"Éxito en tu nuevo día. Pasaré por ti a las ocho, tenemos una cita. Justin"

Los latidos de mi corazón se aceleraron, por un momento intenté recordar cual había sido nuestra primera cita; cuando fuimos de madrugada a comer pizza la noche de la fiesta de Dylan. Quizá no fue realmente una cita, pero fue la primera vez que estuvimos solos sentados frente a frente. ¿Y la primera vez que lo vi con otros ojos? Me quedo pensando a ver si logro recordarlo. La primera vez que lo vi él estaba llegando tarde a clases y aunque pensé que ni siquiera lo había mirado, eso era falso, siempre me pareció locamente guapo, pero eso no me conquistó, definitivamente lo que lo hizo llegar a mi corazón fue su insistencia conmigo y la inocencia de no ver qué él también se estaba enamorando de mí. Teníamos un juego de niños pequeño, ese juego de fastidiarnos y decir que no nos soportábamos, cuando en el fondo solo estábamos esperando vernos cada día para ver cómo podríamos llegar al otro. También recordé cuando escalaba por mi ventana, la primera vez que lo hizo se quedó un largo rato solo mirándome mientras leía, me dijo que le gustaba mirarme y yo me hacia la indiferente cuando en realidad mi corazón ya estaba palpitando por él.

Cuando volví a mirar a Jack estaba con lágrimas en los ojos, le mostré la tarjeta y él sonrió de oreja a oreja.

-Claro que yo ya sabía lo que decía esa tarjeta cariño. ¿A quién crees que él ha estado llamando para saber de ti? -soltó una risita.

-¿De qué hablas?

-De todos los días desde que se separaron amiga mía, todos los días me ha llamado, no ha fallado ni siquiera uno, siempre con la única pregunta de "¿Cómo ha estado Mía?"

-¿Hablas en serio?

-Ni modo que esté bromeando con eso -volvió a reír-. Ya quisiera yo tener a un chico tan enamorado de mi. ¿Sabes? Siempre creí que ese amor de los libros no existía, ese amor que dicen que es el de verdad, cuando se quiere la felicidad del otro sin importar si está a tu lado o no, ese es Justin.

-No podrías creer si te digo como era Justin cuando lo conocí -suspiré recordando más.

-¿Que era un mujeriego de tomo y lomo? Claro que lo sé, lo tuve hasta la madrugada contándomelo el otro día. Me dijo que contigo creció y maduró, pero dice que jamás le costó dejar a las chicas y dejar su vida de Don Juan, solo fue algo que no necesitaba buscar a nadie porque te tenía a ti.

-¿Qué me habrá visto Jack? -sonreí levemente pensativa.

-Te lo podría decir, pero quiero que te lo diga él ésta tarde, no escapes más de la felicidad Mía, deja de pensar que esa silla te impedirá ser feliz, mírame a mí, mi novio no está en una silla, mi novio solo está enamorado de mi y no necesito pensar que siente lástima o que está condenado a atenderme. Solo hay que pensar que quien se quiere quedar que se quede y quien se quiere ir, pues que se vaya.

Dulce Dolor © #2Donde viven las historias. Descúbrelo ahora