Capítulo 3

5.4K 387 131
                                        

-¿Karen? -pregunté en voz alta.

-Es una compañera del intensivo administrativo al que he estado asistiendo.

-Compañera del intensivo administrativo -repetí asintiendo.

-¿Estás celosa?

-Si.

-No es cierto -rió-. No puedes estar celosa, tú eres Mía, mi Mía, mi novia, mi chica -volvió a abrazarme con fuerza.

-Aléjate Bieber -advertí-. Estoy bastante celosa ahora porque una chica se da el tiempo de enviarte un mensaje precisamente la noche de navidad. Demasiado atenta para ser solo una compañera de clases.

-Mi amor -comenzó a hablar con esa voz seria que me vuelve loca, él lo sabe-. Karen es solo una compañera, acaba de tener un gesto de amabilidad conmigo y no deberías estar haciendo una escena de celos por esto, no seas una niña por favor.

-Y te dice "amargado Bieber" -asentí-. ¿Recuerdas como comenzamos nosotros? Amargada, insoportable, ¿Qué más me decías? ¿Y te parece que estoy siendo niña por estar celosa por ver como una chica te coquetea de la manera que tú me coqueteabas a mi cuando comenzamos?

-No Mía, no compares por favor. Fui un idiota contigo a veces, pero siempre estuve loco por ti.

-Exacto, a eso me refiero -desvíe la mirada.

-Por favor cariño, Karen no es nadie, no arruinemos esta noche por una estupidez.

No me dejó responder, simplemente me besó. Probablemente tenía razón, no debería estar celosa, solo debería disfrutar de estar aquí nuevamente.

Sus manos llegaron hasta mi cintura, las yemas de sus dedos presionaron mi piel suavemente, besó mi cuello sin temor, sus dedos recorrieron mi espalda y abrieron mi sujetador atrevidamente, sonreí mientras me estremecía de cosquillas por sus besos en mi clavícula. Su boca se posó en mi escote, su lengua suavemente repasó la piel visible de mis pechos mientras sus manos llegaban a mi trasero descaradamente. Mis uñas se enterraron en su espalda ante el beso húmedo que estaba dándome, su lengua recorrió mis labios y mi cuello. Comenzamos a movernos hasta llegar a mi cama sin dejar de tocarnos, sus caderas presionaron contra los muslos de mis piernas y su boca no dejo piel de mi cuerpo sin besar. La ropa era un sutil estorbo entre nuestra pasión, sus besos me llevaban a las nubes sin demasiado trabajo, pero el contacto de nuestro cuerpo me llevaba más allá. Lo necesité cada día, cada segundo que estuvimos lejos. Necesité sus besos y su paz, su amor, su pasión. Necesité su cuerpo sobre el mío, su movimiento de amor, necesité que nuestros cuerpos fueran solo uno, lo necesité cada día que no lo tuve conmigo.
Nuestros cuerpos desnudos se entendían sin necesidad de palabras. Hicimos el amor en mi habitación mientras todo el resto de las personas celebraba navidad abajo, ni siquiera pudimos recordar que no estábamos solos en ese momento, no importó.

-No sabes cuánto te extrañaba -susurró a mi oído-. Te amo cariño.

-También te amo, te necesito siempre conmigo.

-Siempre estaré contigo.

Su cuerpo se movía sobre mí, nuestras manos se entrelazaban y nuestros cuerpos se conectaban. Su teléfono volvió a sonar, ambos lo ignoramos y seguimos con lo nuestro. Luego de que él y yo acabamos, nuestros cuerpos cayeron tumbados sobre la cama. Nuestros respiraciones aún agitadas se unieron cuando me abrazó y besó mi frente.

-¿Quién te sigue molestando por teléfono? -pregunté curiosa, él enseguida miró la pantalla a mi lado, nuevamente leí junto a él.

"Pensaba que podríamos hacer algo hoy, supongo que estás aburrido en casa" -Karen.

Dulce Dolor © #2Donde viven las historias. Descúbrelo ahora