Capítulo 31

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Mía.
Viernes 17:00 hrs.

-¿Va a venir Justin? -preguntó mi padre en la sala de espera del hospital.

-No lo sé, lo he llamado, pero no contesta.

-Quizá tiene mucho trabajo cariño. Debes entender.

-Lo entiendo -suspiré.

Volví a mirar hacia el ascensor esperando que Justin apareciera, una y otra vez mientras los minutos de espera pasaban y finalmente escuché mi nombre. Mi padre me dio una mirada triste y se puso de pie, miró hacia el ascensor también y ante la ausencia de Justin solo agarró mi silla con fuerza y me condujo hacia la sala del médico.

-Buenas tardes -saludó cordial.

-Buenas tardes -saludó mi padre y yo mantuve mi mirada en el suelo.

Ellos hablaron un poco, pero no presté demasiada atención. Miré mi teléfono en busca de alguna llamada o mensaje, pero no había nada. Mi padre me ayudó a acostarme en la camilla para la revisión del médico. Él comenzó con los movimientos de costumbre a mis piernas y luego de flectar mis piernas una y otra vez, comenzó a tocar la planta de mis pies y uno de ellos saltó de repente.

-¿Qué fue eso? -pregunté.

-¿Sentiste algo o solo fue un acto reflejo?

-No sé, hágalo otra vez.

Volvió a hacerlo, no sentí nada al principio y luego de unos segundos un cosquilleo mínimo apareció en mi pie derecho.

-Ahí, en el derecho si siento, sentí un poco.

-Eso es bueno. Solo quería confirmarlo, supuse que la sensibilidad estaba volviendo a tus piernas. Estamos listos.

-¿Listos para qué?

-Tu viaje ya debe programarse. ¿Cuánto es el tiempo más rápido en el que podrían viajar? -miró a mi padre.

-Dos semanas -respondió él.

-Perfecto, voy a hablar con mi colega, en dos semanas los esperará allá.

-¿No es demasiado pronto? -pregunté asustada.

-¿Quieres esperar más? -preguntó el médico y luego de unos segundos negué con la cabeza.

A pesar de que algo en mi interior me hiciera sentir que no estaba preparada ni era el mejor momento para viajar, realmente no podía seguir esperando. Debía saber si existía la posibilidad real de volver a caminar o no.

-¿Estás feliz? -preguntó mi padre cuando ya estábamos en el auto de regreso a casa.

-No sé si feliz es la palabra, estoy nerviosa. Viajar a Suiza es algo grande y decisivo.

-Hay que hacerlo. Voy a programar todos mis asuntos de trabajo al llegar, para poder viajar en dos semanas. Arreglaremos lo de tu trabajo.

-Acabo de volver -reí levemente-. Pero sé que lo entenderán.

-Claro, ya verás que todo estará bien.

Asentí en silencio. Volví a marcar el número de Justin sin obtener respuesta. No fue hasta llegar a casa y luego de dejar pasar un rato que volví a llamarlo.

-Hola cariño -por fin contestó.

-Justin, ¿Estás bien? ¿Qué pasó? -hablé rápido.

-¿Por qué? ¿Qué pasó con qué?

-Sabías que hoy tenía mi visita al médico, pensé que vendrías -hablé desanimada.

Dulce Dolor © #2Donde viven las historias. Descúbrelo ahora