Kyla
Mis nervios a flor de piel. El aire a mi alrededor era muy condensado, presionándome a la hora. Una chica rubia, muy bien repeinada me peinaba el pelo con delicadeza. Se la veía muy concentrada en su labor. Vi por el reflejo del espejo entrar a Laura por la puerta.
-Ya esta tu vestido.
-Gracias.
El vestido lo había diseñado ella, y eso lo hacía más especial. Se acerco viendo cómo me peinaban. Cogió una brocha, y lo paso por los polvos de maquillaje, y después lo pasó con delicadeza por mis pómulos.
-No me puedo creer que mi hermana pequeña se vaya a casar, siempre me imaginé yo ahí en tu sitio, y tú en el mío.
-Algún día Laura...
Llevaba un vestido rojo muy escotado por la parte de la espalda, de tirantes, que arrastraba ligeramente por el suelo, cubriendo sus altos tacones blancos. Oía gritos que provenían de las escaleras, supuse que serían las locas de Dakota y Emma, pero al entrar no solo ellas estaban, sino también, Madison y Janessa, todas luciendo hermosos vestidos rojos. Acababa de peinarme la chica, y ya se estaba retirando, recogiendo sus útiles.
-Muchas gracias -. La dije, y ella me respondió con una sonrisa.
Saludé a cada una de ellas. Me llevaron todas juntas al otro cuarto, donde estaba colgado el vestido en medio de la habitación. Laura comenzó a echarlas del cuarto con gracia, haciéndonos reír.
-Fuera,vosotras no debéis estar aquí, sino a bajo, fuera, adiós.
Movía las manos expulsándolas, y cerrando las puertas. Al conseguir que se fuesen todas, volvió hacia mi, con una risa ladina. Abrió la gran funda trasparente, para sacar el vestido, olía tan bien aquel maravilloso vestido. Me colocó en una tarima, donde me ayudo a vestir. Era un vestido blanco, liso, por los hombros con bordados, y una capa transparente blanca que hacía caer una enorme cola por detrás. Ya estaba lista, a punto de bajar de la tarima redonda, hasta que me detuvo Laura entregándome el ramo de flores rosas, que había encargado ella especialmente. Comenzó a fotografiarme, cosa que odiaba, pero ello lo hacia con cariño.
-Por favor no empieces Laura.
-Que quejica eres, quiero recordar este día por siempre, déjame disfrutar de tu felicidad.
Bajé de allí, y la abracé abalanzándome sobre ella. Las lágrimas comenzaban a salir disparadas de mis ojos, expulsando toda mi felicidad y alegría en forma de lagrimas.
-No me hagas llorar, o harás que se me corra el maquillaje.
Sonreí y besé su mejilla apartándome de ella, muy a mi pesar. Bajamos las escaleras, de aquella casa clásica. La había alquilado Carolina, para esta ocasión, y en verdad había acertado, en medio del campo y mar, sin apenas civilización a su alrededor. Al bajar las escaleras, en el ultimo escalón me soltó la mano, y me entregó a mi padre.
-Estas preciosa hija -. Dijo con melancolía mi padre, acomodándose la pajarita, y la garganta para no llorar -. Y saber que hace unos meses me negaba a esta relación, y he aprendido, a aceptar lo que te hace realmente feliz, y ese muchacho te hace francamente feliz.
-Gracias papa -. Agarré su mentón, besando su mejilla con una barba.
Dimos la vuelta a las escaleras, para ir hasta la parte trasera, donde se haría la ceremonia, en el exterior. No había visto cómo lo habían organizado, ya que apenas me habían dejado ver Carolina, Emma, Dakota y Bellamy, ya que querían que fuese una sorpresa. Abrieron grandes puertas, y noté todas las miradas encima mío, pero mis ojos solo se clavaban en el hermoso hombre que se encontraba hablando con Tyler distraído. Me agarré con fuerza a mí padre, para no caerme por los nervios. Estaba todo de blanco, y con rosas decorando con elegancia el interior, todo estaba cubierto por una carpa. En el altar había un arco trenzado por flores haciendo un enorme pasillo, por el que estaba caminando hasta llegar allí. Sonaban de fondo violines y un piano, con la clásica música de boda, pero más ligera. Mi padre me había soltado la mano, y eso indicaba que había llegado. Agarré la mano de Bellamy, entrelazando sus largos dedos a los míos. Sentía como si en aquella habitación solo estuviésemos él y yo, sin nadie más, ya que apenas podía apreciar lo que hablaba la gente.
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𝑴𝒊𝒍𝒍𝒆𝒓
Roman d'amourNuestra elección en la vida siempre fue meditada desde que teníamos apenas doce años, por muy extraño que suene. Pero sufren altibajos por intromisiones en el camino. Pasa delante tuyo y mío, mejor disfruta la a cada instante, tal vez te des cuanta...
