P.

9.6K 114 7
                                    




-¿Estáis seguros chicos?

Nadie contestó y el silencio reinó entre esas cuatro paredes. Los dos sabían que desde ese día, todo había terminado y ya no quedaba nada. Nada de nada. En sus cabezas aún resonaban esos gritos y llantos, reproches e incluso, algún insulto de lo que habían intercambiado esa noche. No podían más, no podían soportarlo más.

Los jóvenes cruzaron sus miradas. Lo habían decidido así y así sería. Tenían los ojos vidriosos y temblaban. Los dos sentían mucho miedo en el interior pero querían parecer fuertes y seguros de si mismos ante tal situación. Sin dudarlo, él asintió con un golpe de cabeza seco; segundos después ella hacía el mismo gesto repetidas veces.

-¿Sabéis a lo que os comprometéis, verdad?

-Lo sabemos -dijo él con una voz ronca y seca. Querían terminar con eso lo más rápido posible.

El hombre sacó un par de dossiers y los puso delante de ellos.

-Si es así, ya sabéis que hacer -seguidamente colocó un par de bolígrafos encima de la mesa y ellos los cogieron-. Firmad en el margen de cada pagina yen la ultima, encima de vuestro nombre.

Ella empezó a juguetear con el bolígrafo. ¿Estaba realmente segura? En el fondo sabía que había una respuesta mejor a ese problema y que aquello no era la mejor solución. Sí, sabía que tenían que tomar medidas, que eran adultos y responsables (o algo así), pero una parte de su mente le decía que no lo hiciera, que todo se resolvería con el tiempo y todo volvería a ser como antes. Pero en el fondo sabía que no sería así.

Miró a su compañero de reojo; estaba leyendo por encima el texto arrugando un poco su frente. Pasaba rápido las hojas y cuando llegaba al final, volvía a empezar. Entonces, soltó un suspiro.

-No lo alarguemos más, vamos a ello... -dijo cerrando fuertemente los ojos. Y cuando los abrió, su mano empezó a firmar. Su mano iba sola y cada firma le salía peor que la anterior.

Ella se mordió el labio. No había vuelta atrás. Sollozó un par de veces pero luego se calmó y lo volvió a imitar. Ella también estaba firmando.

-Bien, con este contrato os comprometéis a seguir siendo pareja hasta el 13 de mayo. Entonces, seréis libres.

Por primera vez des de hacía ya una semana, Alfred y Amaia se miraron a los ojos.

Y a veces, una mirada dice más que mil palabras.

NosotrosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora