31- A la vejez, manos sueltas.

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*Noelia & Paula*

La tarde de aquel día había sorprendido a la mayoría de los madrileños. Por las fechas que corrían, lo típico sería una nevada o un día encapotado. Sin embargo, un resplandeciente sol animaba a la gente a salir a la calle y disfrutar de las vísperas de Navidad. Noelia y Paula llevaban esperando media hora, sentadas enfrente del Palacio de Cristal del Retiro, esperando... A que sus novios hicieran acto de presencia. Llevaban veinte minutos de retraso, y eso era raro en ellos.

-Noelia: a este paso nos comemos las uvas.

-Paula: pero las de este año precisamente no.

-Noelia: eso ya está asumido. ¡Me estoy congelando!

-Paula: a quien se le ocurre no traer guantes.

-Noelia: pues a alguien que tiene cabeza por sujetar las gafas.

-Paula: desde luego. ¿Dónde estarán estos dos?

-Noelia: a saber...

-Paula: llámales a ver donde están, que no tengo batería.

-Noelia: saca el móvil de mi bolsillo, que yo ya no siento las manos -Justo cuando Paula logró sacar el móvil de su amiga, ésta vio a los dos chicos acercarse a lo lejos- espera, que parece que ya vienen.

-Blas: ¿Y esas caras largas? Deberías alegraros ante nuestra presencia.

-Paula: lo haríamos, si llegarais a vuestra hora, es decir, hace veinte minutos -con el móvil de Noelia en la mano, les enseñó la hora.

-Álvaro: oye, que quedamos a y media.

-Noelia: no, fue a en punto, pero cambiamos a y diez, porque nos íbamos a retrasar, se lo dije a Blas esta mañana cuando hablé con él.

-Blas: ¿En serio? Yo de eso no me acuerdo.

-Paula: ya tenemos regalo de Navidad... Pastillas para la memoria.

-Álvaro: y para ti también, que tú no me habías dicho nada, y esta mañana te he llevado al trabajo.

-Noelia: dábamos por hecho de que estando los dos juntos ibais a hablar el uno con el otro.

-Blas: ¿Seguro que me lo has dicho?

-Noelia: no. Me lo estoy inventando porque me apetecía congelarme y quedarme sin manos.

-Álvaro: ¡Qué mal nos sienta el frío!

-Paula: mejor que no hables.

-Blas: toma mi abrigo, anda.- le dijo a su novia mientras se quitaba el abrigo para ponérselo sobre los hombros a Noelia.

Álvaro imitó el gesto de su compañero y depositó un beso a su prometida, lo que hizo bajar los malos humos de ésta.

-Noelia: que blanda eres. Bueno, ¿Podemos movernos un poco?

-Paula: ya... Sabe donde tocar mi vena sensible y se aprovecha

Se levantaron del banco, agradeciendo el calor del abrigo, cuando de repente un jaleo y un tumulto de gente, hicieron que los cuatro miraran en la misma dirección. De entre un grupo de japoneses con sus estrambóticas cámaras salieron dos abuelitos, con el tacataca en la mano, riéndose y corriendo hacia donde estaban ellos. Sin darles mucha importancia, siguieron a su rollo... Hasta que una de las bolsas que llevaban los abuelos cayó de golpe entre ellos.

-Blas: ¿Pero qué es esto?

-Noelia: Pues una bolsa... en serio, no razonamos ya, ¿o qué?

-Álvaro: habrá que devolverla, ¿no?

4- This is the lifeHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora