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El frío azotaba nuestros rostros, habíamos aterrizado en Tierra del Fuego y era mucho más fría de lo que recordaba, creo ya me había acostumbrado al calor del Desierto. Estábamos en el Valle de los Guanacos observando con cautela hacia la cueva. Se me heló la sangre, la gran puerta que habían construido estaba rota y un enorme agujero se abría paso en el centro.

-Vulcurus- susurró Shasta- debemos apagarlos, tenemos que ir hacia la base de CRUEL y encontrar el interruptor, también allí podremos conseguir un mapa de la isla. Quizás destruir todo rastro de CRUEL que quede en ella, por lo que sé, tienen más de una base. A mí solo me dieron la ubicación de una.

-¿Qué pasó con los inmunes? ¿Murieron?- Thomas se acercó a la pelirroja con intriga.

-Puede que algunos, pero recuerda que la cueva tenía secciones más pequeñas, se pueden haber ocultado allí-comenté.

-Debemos ir a ver- Brenda comenzó a caminar hacia la cueva.

-No, debemos apagar primero a los Vulcurus- Shasta la detuvo- no va a importar si están vivos o muertos los inmunes si los Vulcurus nos matan. Así que una vez que los apaguemos, cuando el terreno sea seguro, iremos a ver si están vivos o no.

-Odio admitirlo, pero voto por el plan de Shasta- suspiré.

Hicimos una pequeña votación en donde para sorpresa de Shasta, la mayoría votó por ella. Luego de eso, comenzamos a seguirla hacia donde ella recordaba que estaba la base, por lo que decía, no parecía estar lejos, así que no necesitábamos llevar tiendas, sólo alimento en las mochilas y abrigo. No nos tardaríamos más de un día.

-Mierda- Shasta se detuvo en seco, mirando con asco la escena que se abría frente nuestro. Al menos 7 personas, entre ellos niños y bebés, se encontraba muertos con los cuerpos destrozados, algunos no tenían la cabeza, por lo que supuse que un Vulcuru los había atacado, si es que no más. Otros estaban quemados y otros simplemente partidos por la mitad- sigamos- Shasta comenzó a rodear los cuerpos y todos la imitamos.

Intenté evitar mirar los cuerpos, pero la curiosidad pudo más. Newt, Tim, Miyoko, Jackson, Chuck, Alby y Ben ¿eran ellos? No, no, no.... Sacudí la cabeza con fuerza para intentar volver a la realidad. ¿Por qué ellos? ¿Miyoko? ¿¡Qué me importaba Miyoko!? ¿¡Por qué ahora se me aparecía su rostro muerto!? Alby, Ven, Chuck, pensé que ya los había superado... Cuando abrí los ojos, me encontré con la mirada preocupada de Pan, la chica se acercó y, colocando una mano en mi espalda, me incitó a continuar avanzando.

Caminamos por un bosque por al menos una hora hasta que Shasta se detuvo y se agachó para comenzar a palpar el suelo, removiendo las hojas secas y las piedrecillas, dejando ver una tapa grande, redonda y metálica.

-Bingo- exclamó y escribió un código en la pantalla con números que había en el centro de la tapa, tras esto, abrió la portezuela que dejaba ver una completa oscuridad que rápidamente comenzó a desaparecer, puesto que se encendieron las luces al interior de la base- Vamos adentro- dicho eso, Shasta ingresó y nos hizo señas para que la imitáramos.

No pudimos entrar todos, la verdad, sólo entramos Shasta, Thomas, Max, Karlos, Howard, Brenda, Gally y yo, el espacio era pequeño, por lo que no cabía nadie más.

-Toda tuya, cariño- Shasta le guiñó un ojo a Howard, señalándole con ambas manos la única computadora de la habitación.

Howard puso los ojos en blanco, pero no sé reusó a indagar en la máquina. Rápidamente logró encenderla e ingresar al sistema, allí buscó información sobre los Vulcurus apretando con facilidad el interruptor de apagado. Luego comenzó a buscar los mapas e instalaciones de la isla, encontrando una página que traía toda la información más un botón que decía en letras blancas bajo un fondo rojo: iniciar autodestrucción.

"Un lugar para los sobrevivientes"Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora