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Una ampolleta parpadeaba tenuemente en el techo del oscuro pasillo. Había cajas repartidas por todas partes y un chicharreo de electricidad se escuchaba a lo lejos. Nuestros pasos hacían eco mientras avanzábamos por el deteriorado pasillo. Las cañerías estaban rotas y el agua goteaba putrefacta para dar a caer en el suelo de baldosa.

-Cuanto daría por una linterna- suspiró Shasta.

Cada vez que pasábamos por una puerta, mirábamos el interior de la habitación, en su mayoría estaban vacías o llenas de escombros y cajas desocupadas. No había ratas, no había rastro de vida. O al menos eso pensé, porque cuando íbamos a bajar una escalera, pisé algo pegajoso. Sangre, y resiente. Un escalofrío me recorrió completamente y agudicé el oído. Escuché gritos en la planta de abajo, eran chillidos escalofriantes.

-¿Cranks?- Howard susurró tan bajo que casi no escuché sus palabras pero, al parecer, lo suficientemente alto como para que los chillidos de los cranks cesaran.

Unos pasos se acercaban, las pisadas arrastradas, sin cuidado, tambaleándose... Divisé una figura a los pies de la escalera, no pude descifrar si era hombre o mujer, tenía la cabeza casi calva y unos pocos rastrojos de pelo castaño la cubrían, su rostro estaba todo magullado y le faltaba un pedazo de carne en el rostro, dejando ver una hilera de dientes sucios y rotos. Le faltaban unos cuantos dedos y su ropa estaba hecha jirones. Más siluetas se le unieron.

-Corran- ordené sin gritar. Nos dimos vuelta con velocidad y comenzamos a correr por los pasillos. Al llevar las mochilas vacías, ya que habíamos dejado todo en el buque, se nos hizo más fácil la carrera. Los gritos de los cranks nos seguían de cerca, mis músculos estaban tensos, enfocados en correr. Pan iba a la cabeza, no me di cuenta en que momento se había sacado el cabestrillo, pero ahora el brazo sólo estaba envuelto en vendas, Gally iba en la retaguardia, pero de repente Shasta frenó de golpe, se volteó y sacó un arma de la parte de atrás de su pantalón. Un disparo, dos... tres... siete...

Eran siete cranks y los siete estaban en el piso, algunos agonizando, otros inertes. Los observé con detenimiento... No eran Newt, Newt no es ninguno de esos cuerpos, me repetí continuamente... Estaban tan demacrados que eran irreconocibles, ¿cómo podía estar seguro de que ninguno de esos cuerpos inertes era Newt?

-Minho, hay que irnos, no sabemos si hay más cranks, y si los hay, los sonidos de los disparos deben de haberlos alertado, ya vendrán en camino- Shasta me puso una mano en el hombro y me miró con urgencia.

Asentí y seguimos corriendo hasta llegar a la transplana.

-Bien, ¿volvemos o seguimos investigando?- Howard preguntó mirando la transplana- yo voto por investigar, puede que no tengamos otra oportunidad para hacerlo.

Al parecer, todos estábamos de acuerdo, porque seguimos caminando por los pasillos, pero esta vez estábamos alerta. Subimos una deteriorada escalera, yo era el primero, me había adelantado un poco y cuando doblé por una esquina un cuerpo se me abalanzó con una velocidad impropia de los crank y me inmovilizó en el piso en un instante, sentí el frío metal en mi nuca. El pasillo estaba sumido en la penumbra, no podía ver a mi atacante, tenía los brazos y piernas completamente inmóviles, pero de igual forma me puse a forcejear para intentar safarme de su agarre, pero mi captor era demasiado fuerte.

-¿Minho?- escuché, el agarre y el arma desaparecieron. Una cegadora luz me alumbró, una linterna. Luego la linterna fue colocada en el suelo y la silueta de mi atacante cobró forma. Era un chico. Lo conocía.

Tim.

Ese chico era Tim. El cabello rubio oscuro estaba un poco más largo, su blanco rostro estaba lleno de magulladuras, estaba flaco, un feo corte recorría desde el hombro hasta el codo de su brazo izquierdo y una cicatriz cruzaba su ojo derecho, aún lo podía abrir, pero se notaba que la visión por ese ojo había sido afectada.

"Un lugar para los sobrevivientes"Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora