Fuimos unas tontas...

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Fuimos unas tontas...

–Después que el oftalmólogo le explico a Samuel un poco lo que pasaría en dado caso que fuera lo que sospechaba, Samuel pudo estar más tranquilo y no sólo porque la posibilidad del que pequeño perdiera al cien por ciento la visión era casi nula, sino también porque habría formas de conseguir un trasplante de córnea de ser necesario. En cuanto se tranquilizó salió con su pequeño quien ya convencido por la recepcionista había escogido unos armazones para sus lentes, los cuales les entregarían en un par de días. Samuel observó la tarjeta el nombre de la especialista se le hacía muy conocido–

Carlitos – papi –la dulce voz del pequeño lo sacó de sus pensamientos– ¿estoy bien? –Samuel dibujó una ligera sonrisa en su rostro lo que menos deseaba era preocupar al pequeño–

Samuel – si campeón

Carlitos – ¿adónde vamos papi? –preguntó desconociendo las calles por las que estaban transitando–

Samuel – necesito que otra doctora te revise –Carlitos lo observó frunciendo el ceño–

Carlitos – ¿por qué otra doctora? Si el que me reviso se ve muy inteligente –Samuel sonrió al escuchar al menor–

Samuel – bueno a esta doctora le tengo más confianza –Carlitos frunció el ceño–


–Irina llegó a la casa buscando a su madre, entró al despacho pero no había nadie, suspiró con pesar al observar el lugar, se acercó a una de las fotografías donde estaban ellas con su madre, su padre y su abuelo–

Irina – ¿por qué te fuiste? –Acarició a su abuelo– nos haces tanta falta –sus ojos se cristalizaron solo al recordarlo– sé que estas furioso con nosotras, pero te juro que voy a encontrarte y entonces si Andy y yo haremos hasta lo imposible porque nos perdones –suspiró con pesar dejando la fotografía en el mismo sitio–

–de pronto escuchó unas voces de inmediato se salió por la puerta trasera quedándose a un lado de está para escuchar con más claridad–

Leonardo – no quiero más excusas Méndez –gritó furioso–

Méndez – no he podido hacer la transacción, sospecho que la señora Cayetana ya se está dando cuenta que falta ganado –pegó en el escritorio–

Leonardo – de Cayetana me encargo yo –observó a Méndez quien se encontraba nervioso– solo espero que no me estés jugando mal Méndez –tomó entre sus manos su pistola– porque no me temblara la mano para deshacerme de ti

Méndez – claro que no patrón, yo a usted lo respeto, es sólo que la señora de un tiempo para acá tiene mucho interés por todo lo que tenga que ver con el rancho, con los animales

Leonardo – Cayetana siempre ha estado al pendiente de eso –Méndez negó–

Méndez – ahora revisa y cuestiona todo, por ahí escuche decir a Eliazar que le pidió un inventario

Leonardo – ¡Maldita sea! –se sirvió un poco de whisky–

Méndez – creo que tiene muy descuidada a la señora –Leonardo negó le ofreció una copa de coñac– usted sabe cómo controlar a la señora –Irina frunció el ceño– o acaso no ha hecho eso desde antes que... –la voz de Cayetana hizo que Méndez guardara silencio–

Cayetana – ¡Leonardo! –observó a él y a Méndez sorprendida– Nieves me dijo que Irina me estaba buscando, pensé que estaba aquí –Irina decidió alejarse antes de que se dieran cuenta que ella había escuchado la conversación de Leonardo y Méndez–

Leonardo – tiene al menos quince minutos que estamos aquí, no la he visto –le hizo una seña a Méndez–

Méndez – yo tampoco, bueno con permiso –observó a Cayetana–

Quiero que VuelvasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora