Capítulo 41.

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Finn Kester.

Acomodo el nudo de mi corbata y miro mi reflejo por última vez en el espejo frente a mi, no luzco tan mal, a pesar de la noche que tuve.

El bebé de Raquel nació anoche.

Fue un parto prematuro así que el feto debe estar bajo muchísimos cuidados, y ojalá ese fuera el único problema.

El doctor a avisado a los padres de Raquel que si el bebé consigue sobrevivir, tendrá una discapacidad mental y es casi imposible  que algún día pueda llegar a caminar o a ejercer algún movimiento con sus pies.

Y quisiera decir que Raquel tiene la total culpa, ella porque solía fajarse, provocarse vomito y nunca dejo de beber. Pero no puedo decirlo, no porque a pesar de que no lo he visto, me quema el solo pensar en un bebé indefenso he inocente, ojalá las cosas no fuesen así.

A través del espejo veo mis ojos directamente, veo como comienzan a tornarse rojizos y unas lágrimas amenazan por salir, ¿En qué momento me perdí tanto?

Hace menos de un año que ni siquiera imaginé en confrontarme con estos problemas, quiero mi vida de vuelta.

Cierro mis ojos fuertemente y me obligo a dejar de sollozar, tengo que ser fuerte, ahora más que nunca, ahora que me he quedado solo sin mi madre, y que necesito recuperar a mía.

Mía, mi mía.

Escucho mi celular vibrar en la cama y corro para cogerlo y responder.

-¿Diga?

-Hijo soy yo.

-¿Qué quieres?

-¿Por qué no me dijiste lo del bebé? Estoy camino al hospital.

Aprieto fuertemente mis ojos y me escucho hablar. -Porque si no te importa tú hijo, ¿te iba a importar el hijo de alguien más?

Cuelgo el teléfono sin esperar respuesta, no me importa que es lo que ella está pensando ahora.

Escucho el timbre de mi puerta y lo primero que hago es maldecir internamente, para que luego aparezca sobre mi cabeza la idea de quien puede estar esperando por mi allá afuera sea Skyler.

A grandes pasos llego a la puerta para abrirla y encontrarme con la cara de mi padre.

Él me mira fijamente un tanto confundido y preocupado.

Él ha sido la única persona que ha estado conmigo estos meses, a la distancia, pero ha estado conmigo.

Abre la boca para decir algo pero luego vuelve a cerrarla, extiende levemente sus brazos y sin pensarlo siquiera me abalanzo contra ellos en un necesitado abrazo, casi tan indispensable como los de Skyler.

Terminamos con el abrazo y sin decirnos nada mi padre comienza a entrar a mi apartamento y yo me dedico a cerrar la puerta.

-¿Cómo estás? ¿Cómo te sientes? -Pregunta.

-No-no sé, no sé qué sentir. -Admito.

Mi padre se posiciona frente a la ventana con vista a la calle, me da la espalda y continúa hablando.

-Lo primero que hice cuando llegue fue buscarte en el hospital, me dijeron que no estabas.

Niego. -No, estuve toda la noche ahí y me sentía cansado.

-¿Viste al bebé?

Niego, y él me ve a través de los cristales de la ventana.

-Realmente tiene pocas posibilidades. -Lo oigo decir con la voz rota.

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